Basta de silencio, gritad con cien mil lenguas

Publicado en julio 28, 2020, 6:09 pm
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Ante el tema del aborto, que parece que no interesarle a nadie y que ya dejo de suscitar debates (al menos en Europa), pues apenas aparece en conversaciones, medios de comunicación, sermones dominicales, incluso encíclicas papales (se echa de menos una encíclica dedicada por completo al aborto; que no a la vida en general). Ante este panorama, encajan bien las palabras de Santa Catalina de Siena; “Basta de silencio, Gritad con cien mil lenguas, porque, por haber callado, el mundo está podrido”.

Hoy entre los creyentes, se oyen frases como estas:
“Yo predico solo con mi ejemplo”, “nuestro apostolado debe ser indirecto”, “si predicas directamente, te van a rechazar”, “nosotros preparamos el terreno, los que luego vengan predicarán”, “si predicas directamente, no te van a entender o se van a ofender”, “si decís esa verdad, nos vas a impedir seguir haciendo todo el bien que estamos haciendo”, “no te metas en problemas”, “hay que evitar toda confrontación”, “tienes que escuchar más”, “nadie posee la Verdad”, “yo no quiero convertir a nadie”, “el proselitismo no es de buen gusto”, “¿acaso si no se convierten se van a condenar?”, “déjalos tranquilos, ellos están contentos”, “no hay que discutir”.

Quizás, por no haber hablado en su momento y con la intensidad adecuada; en occidente se haya asimilado el aborto más de lo que se hubiese hecho; si al menos los creyentes hubiesen puesto el grito en el cielo como decía Santa Catalina. Hablar de las cosas graves, puede tener un doble beneficio. Por un lado, convencer al de enfrente, y por otro no olvidarse uno mismo de lo que cree; como ya decía San Pablo “Ay de mí si no evangelizara”.

Un cuento, ilustra muy bien la frase de Pablo:
Dicen, que había un hombre predicando en una plaza, y lo escuchaban 200 personas y el hombre seguía predicando. Al cabo de un tiempo, solo lo escuchaban 100, y el hombre seguía con su prédica; y así sucesivamente hasta que nadie lo escuchaba, y aun así, seguía predicando. En esto; pasó alguien y le preguntó; ¿Por qué sigues predicando si ya nadie te escucha?, el hombre contestó; para que no se me olvide a mí.

Admitir el aborto como algo plausible, no obedece a ningún acto de justicia ni de sentido común, la ciencia seria, tiene muy bien definido; que en el momento de la concepción hay un nuevo ser humano. Jérôme Lejeune (padre de la biología moderna), lo tuvo muy claro; aunque su postura a favor de la vida desde la concepción; hizo que su candidatura al premio Nobel de Medicina en 1970 no saliera adelante, a pesar de la enorme importancia de sus descubrimientos.

Por un lado tenemos a Lejeune y por otro lado al Catecismo de la Iglesia Católica; que en su punto 2270 dice; “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos los derechos de la persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida”.

Podríamos llegar a pensar; que ante las evidencias científicas y religiosas, no hay manera de admitir el aborto como una opción moral. Cierto es; que mucha gente no tiene ningún tipo de información; ni científica ni espiritual sobre este tema. Solo conocen lo que los medios de comunicación promueven. Por eso es muy posible, que este tipo de personas, solo cuenten para salir de ese estado de ignorancia, de la palabra de los que saben que es el aborto; y no hablar del tema puede contribuir por parte de los que son conocedores, al avance de esta verdadera pandemia que es el aborto.

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Corresponsal de España

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