EL CATECISMO COMO TABLA DE SALVACIÓN

Publicado en octubre 27, 2020, 9:36 am
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En estos tiempos, donde la ambigüedad, la retórica y “el hacer lío” están a la orden del día, los católicos disponen de un seguro para hacer frente a la confusión que impera en ciertos aspectos de la Doctrina. No somos ni “de Pedro” ni “de Pablo”, somos de Jesucristo porque fue Jesús el que vino a entregarse por nosotros. El mismo Pablo tuvo que rectificar a Pedro cuando judaizaba con los judíos y gentilizaba con los gentiles. No tenemos la autoridad de Pablo para atrevernos a hacer esto, pero sí tenemos la autoridad del Catecismo.

Pedro estaba de visita en Antioquía, la ciudad donde se fundó la primera Iglesia gentil. Pedro disfrutaba de comer junto a los cristianos gentiles. Sin embargo, cuando varios judíos llegaron al lugar, el apóstol empezó a retraerse y apartarse. Por si ello fuera poco, no hacía esto solo, sino que arrastró a varios judíos más, incluyendo a Bernabé, compañero cercano de Pablo. Claramente, el incidente de Antioquía no era poca cosa. El entendimiento correcto del Evangelio estaba en juego. Tanto así, que Pablo reprendió a Pedro delante de todos.

Más de un obispo, al más puro estilo de Pablo, ha levantado la voz ante las últimas declaraciones del Papa Francisco sobre la homosexualidad. Unos piensan que no hay ningún desatino en esas palabras, y otros piensan que sí.

El Papa Francisco dijo lo siguiente:

Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia.

La primera mención no deja lugar a dudas. Nadie en su sano juicio cuestionaría que los homosexuales tienen derecho a estar en la familia. La ambigüedad viene cuando dice: “tienen derecho a una familia”. De este último comentario se podría inferir que es una continuación del primero, o bien, que está dejando caer que tienen derecho a crear su propia familia, con lo cual ya se está “haciendo lío”, máxime cuando termina diciendo:

Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Yo defendí eso.

En este caso ya deja el asunto mucho más claro. Recuerda esta manera de pensar a la de los padres que no quieren que el hijo tenga relaciones sexuales precoces, pero le dicen: “pero por si acaso, aquí tienes un preservativo”. Decir que se ponga el preservativo por si acaso es animar al niño a mantener dichas relaciones que no se quiere que se tengan.

Juan Pablo II y los dicasterios competentes de la Santa Sede trataron este tema y dejaron un texto que en su punto cinco dice lo siguiente:

Ante el reconocimiento legal de las uniones homosexuales, o la equiparación legal de éstas al matrimonio con acceso a los derechos propios del mismo, es necesario oponerse en forma clara e incisiva. Hay que abstenerse de cualquier tipo de cooperación formal a la promulgación o aplicación de leyes tan gravemente injustas.

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Véase documento sobre este particular.

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El Catecismo de la Iglesia viene a corroborar las palabras de Juan Pablo II y los dicasterios, y en su punto 2357 y en adelante, dice:

Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

No somos ni de Pedro, ni de Pablo, ni de ningún otro. Somos de Cristo, y Cristo se manifiesta en el Evangelio. No todo el mundo tiene la capacidad para buscar o discernir correctamente la doctrina del Evangelio. Pero, para eso, está el Catecismo de la Iglesia Católica. Algo imprescindible en estos tiempos en los que nos “hacemos mucho lío”. Se puede entender que el Catecismo tiene una fuerza de aprobación mayor que la de una encíclica, ya que contiene la integridad de la Doctrina y de la Tradición de la Iglesia.

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Véase catecismo de la Iglesia. Homosexualidad

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Corresponsal de España

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