EL IRENISMO GANA EN NUMERO PERO PIERDE EN CALIDAD

Publicado en mayo 21, 2021, 10:23 am
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La herejía del Irenismo (La palabra viene del griego “Irene” que significa paz), es una de las tendencias modernistas que más daño ha causado a la Iglesia. Si tuviésemos que resumirla, diríamos que es la herejía del “buenísmo”, pero si queremos profundizar más este asunto, podemos leer la encíclica Humani Generi. El Irenismo es un movimiento que busca la paz y la unión a toda costa. Es el ocultamiento de la realidad de las cosas por no ofender al oyente. Cuando se emplea la doctrina sin caridad como si fuese un ariete se cae en un extremo; y cuando se esconde la doctrina para no desentonar con el ambiente y no se habla con claridad se cae en el otro. Podríamos decir que este segundo extremo es el Irenismo.

 En su afán de conciliar, acaba cediendo terrenos de la doctrina que son innegociables. Lo confía todo al diálogo y en muchas ocasiones se comporta con un exceso de sensibilidad humana obviando las verdades de la doctrina (prima más las buenas relaciones que la defensa de la doctrina). El Irenismo no es amigo de poner los puntos sobre las íes.

El Papa Pío XII, en la Encíclica “Humani Generis“ en la polémica sobre el Modernismo, advertía en el “Irenismo” un peligro muy real. Cristo conjugaba de manera perfecta el amor al prójimo y el amor a la ley de Dios. En el caso de la adúltera puso los puntos sobre las íes. Freno a los que querían juzgarla y tomarse la justicia por su mano dejándoles claro que nadie es más que nadie; y terminó diciéndole a ella que se fuese y no pecase más. La forma Irenista de tratar ese asunto, hubiese sido solo diciéndole; “Yo tampoco te condeno”, pero sin decirle; “no peques más”. Es decir; La protege y la catequiza.

Ningún médico ocultaría un diagnostico por no entristecer a un paciente, y ningún médico disfruta con dar malas noticias. La finalidad del médico cuando contraría al paciente es una finalidad curativa y la verdad de las cosas muchísimas veces no es grata al paladar emocional.

Pio XII en Humani Generis, pone algunos ejemplos como el siguiente:

Dando una mirada al mundo moderno, que se halla fuera del redil de Cristo, fácilmente se descubren las principales direcciones que siguen los doctos. Algunos admiten de hecho, sin discreción y sin prudencia, el sistema evolucionista, aunque ni en el mismo campo de las ciencias naturales ha sido probado como indiscutible, y pretenden que hay que extenderlo al origen de todas las cosas, y con temeridad sostienen la hipótesis monista (todo se reduce, en última instancia, a materia) y panteísta (la naturaleza y el universo son Dios) de un mundo sujeto a perpetua evolución. Hipótesis, de que se valen bien los comunistas para defender y propagar su materialismo dialéctico y arrancar de las almas toda idea de Dios.

Muchos católicos de manera inconsciente, apoyan la teoría evolucionista tal como nos la presenta el materialismo, sin darse cuenta, que; ni es una teoría científica que este cerrada por completo (por eso se le sigue llamando teoría y no ley), y que seguirla al pie de la letra entra en contradicción con la doctrina. Máxime, cuando desde el punto de vista científico, está cada vez más cuestionada.

Véase Máximo Sandín (Darwinismo)

Existen casos más claros de Irenismo que el del Evolucionismo. Cabria preguntarse: ¿Quién sería capaz en nuestros días de hablar sobre la homosexualidad en los mismos términos que habla el Catecismo?:

Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso. Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; esta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta.

Da la impresión, de que el catecismo se explica en los mismos términos que Jesús con la adúltera; es caritativo y es claro; acoge y enseña. Otro tema sería el del catecismo con respecto al aborto:

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos los derechos de la persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida.

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si este se produce, incurre en excomunión “latae sententiae” Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

Así es como se manifiesta el catecismo en sus dos vertientes; la caritativa y la formativa. Cabe formular algunas preguntas sobre esto: ¿Se predica hoy como instruye el catecismo?, si no fuese así; ¿Habría que  ajustar la predicación al catecismo? O por el contrario; ¿Habría que darle un toque Irenista al catecismo?

Parece que llega la hora de desempolvar las viejas encíclicas, antes de seguir leyendo las nuevas.

Véase Humanes Generis

Corresponsal de España

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