El lenguaje inclusivo es la corrupción del idioma

El lenguaje inclusivo es un invento que no tiene nada que ver con el idioma, sino con el objetivo político de debilitar el alma de una comunidad, degradando las palabras que crean comunidad.
Publicado en julio 18, 2020, 8:11 pm
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El jurista español Santiago Muñoz Machado es el presidente de la Real Academia Española (RAE) desde el 2018. Según su experta opinión, el español es una lengua hermosa y preciosa, por eso considera insensato “estropearla con el lenguaje inclusivo”.

Afirmó esto en julio de 2018, cuando Carmen Calvo, una de las vicepresidentes de la nueva administración gubernamental española, denunció el lenguaje “machista” de la Constitución española y encargó un peritaje a la Real Academia Española sobre la posibilidad de corregir ese texto siguiendo criterios supuestamente inclusivos.

Carmen Calvo, vicepresidente primera del Gobierno español, durante una comparecencia en el Congreso de los Diputados, Madrid, España

La respuesta de la RAE fue que no había nada, desde el punto de vista lingüístico, que en la Constitución necesitara ser corregido. En opinión de los académicos, el lenguaje constitucional seguía siendo correcto y comprensible en 2019, cuando presentó su informe. Pero se permitió apuntar al trasfondo oculto de la pretensión progresista, al recomendarle que fundamentara en razones políticas su intención “reformadora inclusiva”.

Empecinada, la funcionaria sostuvo que esa novedosa manera de hablar va a terminar imponiéndose, porque su avance es irresistible, ya que “concierne a la igualdad de la mujer” (¿¿¿???). Claro ejemplo de argumentación desquiciada: no existe ninguna correlación entre la declinación de los adjetivos en los idiomas y la situación jurídica de las mujeres.

Según el jurista español, el desdoblamiento altera la economía del idioma y la belleza: “Este tipo de variantes la estropean. [El español] es una lengua hermosa y precisa”. ¿Entonces por qué se pretende estropearla?

El motivo es que los promotores del lenguaje inclusivo tienen como caballito de batalla el rebuscado argumento de la “invisibilización” de la mujer en el idioma. Suponen que, durante siglos, las mujeres no estuvieron incluidas o no se sintieron convocadas, por ejemplo, por el “¡Trabajadores del mundo uníos!”, por citar un clásico.

Además de engorroso, el desdoblamiento alarga innecesariamente discursos y textos. Un caso típico es la Constitución bolivariana de Venezuela que, escrita en castellano, insumiría muchas menos páginas y menos papel. Por ejemplo: “Los venezolanos y venezolanas por nacimiento no podrán ser privados o privadas de su nacionalidad”. Se olvidaron el “las”, dicho sea de paso. Es que el lenguaje inclusivo es errático y caprichoso.

El jurista Santiago Muñoz Machado dirige la Real Academia Española desde 2018

En otro artículo se pone en evidencia que sobran 28 de las 120 palabras de ese párrafo: “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación […]”;

Además, la moda inclusiva no respeta los neutros. Por ejemplo, ¿es necesario declinar concejal? No debería ser necesario, sin embargo no faltan los que usan el horrible e innecesario concejala; absurdo además porque entonces los varones deberían ser concejalos.

Estudiantes también es neutro, debería salvarse del desdoblamiento, pero no siempre es el caso, como “bonaerenses”, gentilicio que fue desdoblado en un feo “bonaerensas”, por el Gobernador de la provincia.

En otro orden de cosas, Muñoz Machado rescata de la época reciente de la RAE la cooperación con los demás países hispanohablantes en la permanente evolución y perfeccionamiento del idioma, incorporando nuevos términos y palabras.

Esto respondió a la necesidad de adaptar la institución a la realidad independiente de América: “Las nuevas naciones no querían en parte seguir dependiendo culturalmente de España cuando habían roto políticamente con ella. Muchos deseaban establecer sus propias lenguas”.

Para evitar una ruptura mayor, la RAE debió adaptarse: ceder poder para no perder autoridad. Porque la institución “no inventa la lengua, ni la impone”, sino que permite “su retroalimentación”.

En definitiva, el progresismo “lingüístico” inventa problemas donde no existen y corrompe la belleza y la bondad del idioma, que son expresión estética y ética de la verdad. Corrupción lingüística que posibilita la degradación espiritual de un pueblo, facilitándose así su sometimiento.

 

Corresponsal de Argentina

Corresponsal de Argentina

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