El ombú mágico

Publicado en junio 15, 2020, 6:25 pm
4 mins

Era una tarde como cualquier otra, en las que José Joaquín regresaba del colegio y se acostaba en su habitación. Como era habitual, arrojaba su mochila contra la pared y se sentaba en la punta de la cama a llorar, por todas las cargadas que debía soportar en el colegio por ser el chico nuevo.

Pero de repente comenzó a oír unas voces que salían del interior de la habitación. Lo que más le llamo la atención era que no había nadie y no sabía de donde salían esas voces. Se puso a mirar para todos lados tratando de encontrar quienes las producían. La habitación estaba vacía. La televisión apagada. Miro a su izquierda y solo había un escritorio vacío, junto a este, estaba el viejo perchero de madera con su piloto de lluvia. Miro a su derecha y nada, solo un cuadro de un paisaje con chicos jugando alrededor de un ombú. Un antiquísimo cuadro que le había sido regalado por su abuela y al cual le tenía un gran aprecio por las historias que le contaba de ese cuadro y cuan especial era. Historias mágicas que nunca pudo comprobar pero que le gustaban mucho escuchar.

A pesar de que la habitación estaba completamente vacía, las voces continuaron, pero sin darle mucha importancia siguió llorando, pensando que su imaginación le estaba jugando también una mala pasada.

De pronto del cuadro comenzaron a salir rayos de luz, las voces cada vez eran más fuertes y una brisa leve con olor a jazmín comenzó a salir del cuadro y acariciar las mejillas de José. Una calma sin explicación comenzó a abrazarlo y dejo de llorar. Se paro, camino hacia los rayos de luz, vio que las voces eran los chicos de la pintura y cuando quiso tocarlos, se produjo un enorme estrépito y José ya no estaba más en su habitación. Se encontraba en un parque y había dos chicos jugando con un barrilete de muchos colores. Corrían, gritaban y saltaban, pero José todavía no sabía dónde estaba, hasta que miro a su alrededor y puedo reconocer el enorme ombu que estaba junto a ellos. Era el ombú que tanto describía su abuela en sus historias, dijo José. Era el ombú mágico que uno debía tocar y las angustias desaparecían.  Así fue, en ese instante, las angustias de José desaparecieron, los insultos de sus compañeros ya no lo atosigaban. Y los chicos del barrilete lo invitaron a jugar.

José, estaba muy feliz y no se dio cuenta que el tiempo comenzó a volar. Era hora de volver para comer la merienda que su madre le preparaba todas las tardes. A pesar de que José no quería irse, los chicos le dijeron que podía volver cuando quería lo único que tenia que hacer era mirar fijamente el cuadro y cuando los rayos de luz salían acercarse y la magia se produciría. Así fue que sucedió y todos los días José volvía del colegio feliz porque sabia que iba a jugar con sus nuevos amigos del cuadro.

Corresponsal Argentina

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