Jerarquía Católica: ¿de Colegio Apostólico a Judas Iscariote?

Ensordecedor el silencio de la gran mayoría de la jerarquía católica argentina frente al avance de la anticultura progresista extranjera contraria a los valores humanistas y cristianos que forman el alma del pueblo argentino y que promueve el asesinato prenatal y la degeneración infantil.
Publicado en julio 04, 2020, 3:51 pm
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En la doctrina católica, la expresión “Colegio Apostólico” designa al conjunto de los 12 apóstoles que acompañaron a Jesucristo en su vida terrena y conformaron el núcleo fundacional de la Iglesia de Cristo. Y también designa al conjunto de los obispos que a lo largo de la historia surgieron como continuadores en sucesión ininterrumpida en su triple oficio de maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros dotados de autoridad para gobernar la grey cristiana confiada a cada uno de ellos en sus respectivos territorios.

La misión confiada a ellos por el mismo Jesucristo a los primeros apóstoles es la de apacentar a los fieles que siguen al Redentor, misión que se continúa y permanece en sus sucesores. En este sentido, significan la continuidad ininterrumpida con los mismos apóstoles originarios, presentes en nuestro tiempo, 2.000 años después. Más numerosos que en el origen, en razón de su expansión a lo largo de los siglos, pero conformando el mismo y único colegio apostólico del principio.

Como enseñan los Evangelios, de los 12 primeros llamados al apostolado hubo uno que después de un tiempo renunció a ese llamado, traicionando a Jesucristo y colaborando para que fuera entregado a la muerte. Él mismo se puso fuera del Colegio Apostólico.

La historia bimilenaria de la Iglesia está llena de testimonios de obispos que se mantuvieron fieles a la misión de apacentar a los fieles que siguen a Jesucristo y fortalecerlos en su labor en el mundo. Muchos de ellos han escrito páginas de gloria y ofrendando su vida para proteger a los creyentes que les habían sido confiados, a imitación de Crucificado.

En los 528 años de presencia de la Iglesia en América hay obispos que han quedado inmortalizados en la historia, desde García de Padilla, Alonso Manso, fray Antonio de Zumárraga OP, fray Julián Garcés OP, fray Bartolomé de las Casas OP, Vasco Vázquez de Quiroga y Alonso de la Cárcel, Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo, etc., hasta nuestros días. Todos ellos proclamando la fe en Jesucristo, Redentor del Hombre y Redentor del mundo, y llevando su Evangelio a los pueblos de América.

Pero en estos últimos años se puede ver que, en Argentina, esa potencia evangelizadora de la Iglesia en América está bastante debilitada. Apenas se menciona a Jesucristo, “allá lejos y hace tiempo”, y se asumen conceptos ajenos a la doctrina cristiana. En vez de fomentar un diálogo fecundo de la fe con las culturas populares, se prefiere dejar de lado los conceptos doctrinales cristianos y “asumir” los criterios de moda en el mundo: la “Madre Tierra”, el “cambio climático”, la “casa común”, el “consenso”, “todas las religiones son iguales”, la “opción excluyente por los pobres”, el “grito de los pobres”, etc.

El problema de fondo es que se promueve un “diálogo” en el que directamente se abandona y se excluye la doctrina bimilenaria de la Tradición eclesial para forjar contra natura una mezcla híbrida que no es ni cristiana ni pagana. Se dice que hay que “dejar de lado el rótulo o el título de cristiano” en todo emprendimiento cultural o formativo que se intente hacer desde el ámbito de la fe.

En última instancia, se deja a Jesucristo en el fondo de la historia, como personaje del fe, como mera referencia histórica que “habló, dijo e hizo”, pero sin presencia real en el tiempo presente, como un Resucitado totalmente pasivo y alejado.

Así, un arzobispo argentino puede hablar largo y tendido en una entrevista y no mencionar ni una sola vez a Jesucristo, y llegar al extremo de decir que “el precepto dominical no es fundamental [en la vida de la Iglesia], y con el tiempo puede caer”. En el fondo, propone un cristianismo sin Cristo, si esto tiene sentido. Así, el apóstol se convierte en burócrata de una entidad religiosa en-el-mundo (in-mundo).

Pero como “el misterio de Cristo excede a su Iglesia” (Joseph Ratzinger), el presidente de Estados Unidos, presbiteriano no practicante, asume la defensa de los cristianos que son martirizados en el mundo, promueve la libertad religiosa en el mundo y asume la defensa de Jesucristo: “quieren atacar a Jesucristo. Eso no sucederá mientras yo esté aquí”. Y denuncia que los disturbios callejeros y los ataques contra símbolos y estatuas no son contra un candidato presidencial, sino contra la civilización cristiana.

Cuando los pastores no hablan ni actúan, otros -fuera de la Iglesia- asumen la defensa de la fe.

Corresponsal de Argentina

Corresponsal de Argentina

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