La timba financiera continua

Los gobiernos progresistas socialdemócratas como el argentino se declaran enemigos ideológicos del liberalismo, pero en situaciones de crisis económicas aplican las mismas políticas económicas. Aseguran ganancias y beneficios a la especulación financiera, pero castigan y empobrecen a quienes trabajan y producen.
Publicado en junio 25, 2020, 10:00 am
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Una de las maniobras especulativas más rentables para el sistema financiero argentino ha sido un título público denominado “Letras de Liquidez” (Leliq), que en realidad son bonos emitidos por el Banco Central de la República Argentina exclusivamente a favor de las entidades financieras (no a particulares), quienes le prestan dinero a una semana de plazo, cobrando un interés.

Este título fue “creado” en enero de 2018 por el BCRA, y su objetivo es mantener una cierta cantidad de dinero que circula en el país, sacando de circulación el excedente de emisión, para poner freno a la inflación. Es un mecanismo perverso: el ente estatal toma dinero de las entidades financieras, para que no se vuelque al mercado, y paga un interés (generalmente superior a la inflación), pero inmoviliza esa suma, sin reinvertirla, con lo cual se ve obligada a cubrir esos intereses con emisión, repitiendo el proceso ad infinitum.

Al mes de julio del 2019, la deuda del Banco Central en las Leliq era de casi 1,2 billones de pesos, lo que representaba un poco más del 5% del Producto Bruto Interno (PBI) y casi un 40% de las reservas internacionales.

En la campaña electoral, el entonces precandidato Alberto Fernández había asegurado que en caso de llegar al gobierno iba a dejar de pagar los intereses de esa operatoria.

Pero “del dicho al hecho hay mucho trecho”, dice un viejo refrán: en lo que va del gobierno del doctor Alberto Fernández sucedió todo lo contrario. Nunca como en estos meses el Banco Central emitió tantos títulos, que son utilizados para regular la cantidad de pesos que emite la entidad para financiar el Tesoro.

En este sentido, el crecimiento del stock de Leliqs está en relación directa con la expansión monetaria récord por parte del BCRA: en lo que va del año ya suma 1,1 billones de pesos, entre adelantos transitorios ($300.000 millones) y transferencia de utilidades ($800.000 millones).

Según calculan algunos economistas, es muy probable que a fin de año la suma total llegue a 3 billones de pesos, prácticamente el doble que el nivel actual (1,6 billones). Esto llevará a que el pago de intereses a los bancos sea de 1 billón de pesos.

Lo paradójico es que esta lógica de emisión de pesos, posterior absorción y pagos millonarios de intereses había sido duramente criticada por el Presidente a lo largo de toda la campaña presidencial. Fue prácticamente su “caballito de batalla” en los meses previos a los comicios. En los mejores momentos del negocio, durante el gobierno anterior, la tasa de interés llegó al 70%, casi el doble que la actual.

Esta masiva emisión de Leliqs fue una respuesta obligada y urgente por parte del titular del Central, Miguel Pesce. El objetivo es que la millonaria emisión de pesos para hacer frente al aumento del gasto por la cuarentena no vaya directamente a los precios, es decir no presione sobre la inflación.

En el corto plazo la expectativa es que la inflación se mantenga relativamente bajo control, teniendo en cuenta además los fuertes controles en el mercado cambiario, que llevan a una suba muy suave del dólar. La cotización viene subiendo de manera muy suave, en el orden del 2,5% mensual.

Pese a su proclamado progresismo, el presidente Fernández no deja de actuar como su antecesor liberal en el cargo: la actividad económica en su conjunto se ha desplomado, pero la especulación financiera con títulos del Estado a riesgo “cero” sigue acumulando ganancias, sin verse afectada en lo más mínimo por la crisis sanitaria ni por la caída estrepitosa de la actividad económica productiva.

En el plano de la economía, el progresismo socialdemócrata es liberal en esencia.

 

Corresponsal de Argentina

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