Los peligros de la Vacuna anticovid-19

La Agencia Europea de Medicamentos pide poder usar la vacuna contra el coronavirus ya en los últimos meses del año, sin experimentación, lo cual es extremadamente peligroso: existe el riesgo de aumentar los efectos del coronavirus en lugar de evitarlos y también de provocar graves daños cerebrales.
Publicado en julio 22, 2020, 2:08 pm
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Según los medios de comunicación estadounidenses, el afamado médico Anthony Stephen Fauci, uno de los principales miembros del Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus de la Casa Blanca conformado por el presidente Trump, anunció hace pocos días que debería estar lista una vacuna contra el coronavirus durante el próximo año, año y medio. Informó que recibió garantías de las empresas productoras de que podrán fabricar hasta mil millones de dosis, lo que permitirá su distribución en todo el mundo.

Pero en Europa hay aún más urgencia, razón por la cual la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ha informado avances de la investigación en curso en Inglaterra, que contaría con su aprobación, pero apuntando a distribuir la vacuna sin experimentación, a través de una autorización especial de la Unión Europea para poder comercializarla a partir de comienzos del próximo año. Esto significa forzar todos los procedimientos normales a través de los cuales se aprueba un medicamento, omitiendo toda una serie de pasos técnicos considerados normalmente indispensables.

La decisión de la Agencia Europea parece ser una actitud extraña, porque en general algunas agencias nacionales europeas se comportaron con respecto a las medicinas anti-Covid con una intransigencia absoluta, con solicitudes de estudios, ensayos clínicos y de pruebas incontrovertibles de eficacia. Pero en el caso de esta vacuna la Agencia pretende descuidar los pasos fundamentales, para introducir un medicamento sin los experimentos necesarios, que normalmente toman tiempo, meses y años.

En el caso de la vacuna anti-Covid, la voz de mando es única y clara: darse prisa. No es casualidad que entre los expertos se hable de una “carrera de vacunas”. Lo cual es peligroso, porque en medicina, como en otras ciencias, la prisa es una actitud anticientífica. Se pretende justificar esta prisa por el estado de emergencia, pero ahora está claro que los diversos brotes epidémicos tienen un curso típico, que finalmente conduce a la eliminación de los muertos y las infecciones. Pero está en marcha una campaña de propaganda muy fuerte que tiende a mantener un estado de miedo al regreso del virus, apurando la carrera para encontrar la “vacuna feliz”, descuidando todas las otras hipótesis terapéuticas que también son respaldadas por varios científicos.

Parece que todo está escrito y decidido: hay que ponerse la vacuna anti-Covid. Y todo el mundo, como anunció el autopromocionado “presidente” del Orden Mundial Liberal, el señor Bill Gates. Pero investigadores y científicos dudan, a quienes se pretende descalificar con argumentos extra-científicos.

En realidad, muchos investigadores involucrados en el desarrollo de vacunas también quieren proteger a los pacientes, sin que se desencadene un fenómeno inmunológico que se conoce desde hace mucho tiempo y que después de la vacunación podría exacerbar la enfermedad en lugar de combatirla. Este serio y grave problema, del que ni Fauci ni los europeos hablan, se llama Amplitud de la Distribución Eritrocitaria (ADE) es una medida de la variación en el volumen de los glóbulos rojos, que aparece en un hemograma estándar.

Si algunos de los anticuerpos producidos por el cuerpo en respuesta a la vacunación no se unen lo suficientemente bien al virus, o no están presentes en la concentración correcta, pueden “adherirse” a él y exacerbar la enfermedad.

A través del ADE, el virus puede iniciar una sobreproducción de proteínas de señalización inflamatorias llamadas citocinas, lo que lleva a “tormentas de citoquinas” que pueden promover el síndrome de dificultad respiratoria aguda y dañar el tejido pulmonar. Por lo tanto, no es suficiente que una vacuna pueda inducir la producción de anticuerpos, sino que debe ser una cuestión de anticuerpos “correctos”, y para alcanzar este objetivo se necesita mucho tiempo y mucha prudencia. Por el contrario, una vacuna que determinara el ADE conduciría incluso a daños muy graves en el cuerpo. El ADE ya ha surgido como un problema para otras vacunas.

Existen ya claras evidencias de que el Covid-19 es un virus neurotrófico, es decir, realiza una acción en el sistema nervioso central. Si una vacuna se hiciera sin criterios de absoluta seguridad, los mecanismos que hemos descrito anteriormente podrían provocar daño cerebral en un número desconocido de personas, lo cual constituye un verdadero desastre humanitario.

Pero si a pesar de todo una vacuna de este tipo fuese comercializada, y la gente decidiera someterse a ella, motivados por el temor de sufrir una neumonía por coronavirus, esta elección debe ser libre y personal, y no obligatoria y coercitiva.

Corresponsal de Argentina

Corresponsal de Argentina

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