Propagación silenciosa del COVID-19: Avisados pero no Enterados

La transmisión asintomática hace que el coronavirus sea mucho más difícil de combatir. Los funcionarios de salud desestimaron el riesgo durante meses, impulsando afirmaciones engañosas y contradictorias frente a la evidencia en aumento. Anticipo de Bill Gates no tomado en cuenta
Publicado en julio 02, 2020, 1:34 am
FavoriteLoadingAgregar a favoritos 5 mins

Una médica alemana, Camilla Rothe, especialista en enfermedades infecciosas en el Hospital de la Universidad de Múnich, fue laprimeraen Alemania en saber, el 27 de enero, que un paciente  suyo estaba infectado por el virus.Se trataba de un empresario de una compañía de autopartes, quien había estado en contacto con una colega china, de visita en enero. Colega que se enteró que estaba enferma cuando regresó a China.

En ese momento, los científicos creían que sólo las personas con síntomas podían propagar el coronavirus. Asumieron que actuaba como su primo genético, el SARS.

Los expertos se equivocaban –el virus era capaz de propagarse mediante enfermos aparentemente sanos que aún no habían desarrollado síntomas-, pero las ramificaciones eran posiblemente catastróficas, lo que requeriría que se tomaran medidas agresivas, como ser ordenarles a las personas sanas que lleven cubrebocas, por ejemplo, o restringir los viajes internacionales.

Pero a pesar de las advertencias formuladas, los principales funcionarios de salud expresaron con una seguridad inquebrantable que la propagación asintomática no era de importancia.

En los días y semanas siguientes, los políticos, funcionarios de salud pública y académicos rivales menospreciaron o ignoraron a los médicos de Múnich. Algunos se esforzaron de manera activa para socavar sus advertencias en un momento crucial, mientras la enfermedad se propagaba imperceptiblemente en iglesias francesas, estadios de fútbol italianos y bares en estaciones de esquí austríacos.

Entrevistas con médicos y funcionarios de salud pública en más de una decena de países muestran que durante dos meses cruciales -y ante las pruebas genéticas cada vez más numerosas- los funcionarios de salud y los líderes políticos occidentales restaron importancia o negaron el riesgo de la propagación asintomática. Por su parte, las principales agencias en materia de salud -incluyendo la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades- emitieron consejos contradictorios y a menudo confusos.

Un diálogo crucial de salud pública se convirtió en un debate semántico acerca de cómo llamar a las personas que estaban infectadas y no tenían síntomas evidentes.

El retraso de dos meses fue el resultado de suposiciones científicas erradas, rivalidades académicas y, quizá lo más importante, una reticencia a aceptar que contener el virus requeriría medidas drásticas. La resistencia a las evidencias emergentes fue parte de la respuesta lenta del mundo al virus.

A países como Singapur y Australia, que utilizaron pruebas y rastreo de contactos y pasaron rápidamente a poner en cuarentena a viajeros aparentemente sanos, les fue mejor que a aquellos que no lo hicieron.

Ahora se acepta de manera generalizada que las personas al parecer sanas pueden propagar el virus, aunque sigue siendo incierto cuánto han contribuido a la pandemia. Aunque varían los cálculos, los modelos que usan datos de Hong Kong, Singapur y China sugieren que del 30 al 60 por ciento de la propagación ocurre cuando las personas no muestran síntomas.

Incluso ahora, con más de nueve millones de casos en todo el mundo y un número de muertes que superó las 500.000, el COVID-19 sigue siendo un acertijo sin respuesta. A ello se agrega que es demasiado pronto para saber si lo peor ya ha pasado, o si una segunda ola mundial de infecciones está a punto de estallar. En líneas generales, se subestimó el virus respuesta, subestimado el virus y desestimado sus propios planes de emergencia.

Corresponsal Argentina

Leave a Reply

  • (no será publicado)