Terminábamos el capítulo anterior relatando los acontecimientos de la “Semana Trágica”, que al final concluyeron, como siempre acaban todos los disturbios masónicos, asesinando curas y monjas e incendiando edificios religiosos. Esto es siempre una ley inmutable de la física masónica. Ferrer Guardia había sorteado sin grandes dificultades a la Justicia en sus dos fechorías anteriores (la conspiración de Villacampa y el atentado contra Alfonso XIII) gracias a la gestión de la masonería. Pero a la tercera fue la vencida, y no pudo escapar de ser juzgado por sus responsabilidades en los grotescos acontecimientos de la “Semana Trágica”. Fue condenado y ejecutado el 13 de octubre de 1909.
El año anterior a la ejecución de Ferrer, 1908, la masonería (que no descansa en ninguna parte), llevó a cabo un atentado contra la familia real portuguesa. Nos cuenta Bárcena:
En 1908 llegó el turno de los Braganza: el 1 de febrero fue el «regicidio de Lisboa»: en la plaza del Comercio murieron asesinados Carlos I y su heredero, Luis Felipe, de 19 años. Los asesinos pertenecían a “La Carbonería”, una sociedad secreta que, a pesar de su supuesta independencia, formaba parte de la estructura del Gran Oriente Lusitano Unificado 765. Solo resultó ilesa la reina Amelia, que viajaba en el mismo carruaje; la familia real no tenía la menor posibilidad de escapar con vida; 18 asesinos, organizados en tres grupos, cubrían el recorrido hasta palacio. Los primeros que tenían que actuar —Alfredo Costa (maestro) y Manuel Buiça (sargento del Ejército), ambos miembros de La Carbonería— cumplieron su cometido; aunque no lograron matar a todas las víctimas previstas; el menor de los hijos del rey, de 18 años, que también resultó herido en el atentado, sobrevivió al mismo, y días más tarde se convertía en Manuel II. Pero su reinado, como era previsible, duraría poco: en octubre de 1910 se proclamaba la República y se desataba la consabida persecución religiosa, según el modelo francés de la III República —con el mismo rigor—, mientras la masonería se hacía con los resortes del poder político a todos los niveles de la Administración. El primer ministro de la recién proclamada República, Alfonso Costa, ordenó cerrar bruscamente el sumario abierto por el regicidio, sin llegar a conclusiones definitivas y, por tanto, sin castigos.
Es decir: matan como quieren, cuando quieren y “aquí no pasa ná”. Ya lo decía León XIII en su famosa encíclica Humanum Genus:
Pero sabemos muy bien que todos nuestros comunes esfuerzos serán insuficientes para arrancar estas perniciosas semillas del campo del Señor si desde el cielo el dueño de la viña no secunda benignamente nuestros esfuerzos. Es necesario, por tanto, implorar con vehemente deseo un auxilio tan poderoso de Dios que sea adecuado a la extrema necesidad de las circunstancias y a la grandeza del peligro. Levántase insolente y como regocijándose ya de sus triunfos, la masonería. Parece como si no pusiera ya límites a su obstinación. Sus secuaces, unidos todos con un impío consorcio y por una oculta comunidad de propósitos, se ayudan mutuamente y se excitan los unos a los otros para la realización audaz de toda clase de obras pésimas. Tan fiero asalto exige una defensa igual: es necesaria la unión de todos los buenos en una amplísima coalición de acción y de oraciones.
Estos episodios tienen mucha analogía con los indultos del Gobierno de España a los nueve políticos condenados por el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. El presidente Pedro Sánchez justificó la medida de gracia porque, según decía, “era el momento de la política, de pasar página”. Curiosamente, el jefe de estrategia de Pedro Sánchez en el PSOE, Antonio Hernández Espinal (Sevilla, 1973), el hombre que preparó la campaña socialista para las elecciones andaluzas de 2022, pertenece a la masonería. El Gran Maestre de la GLE (Gran Logia de España) es el senador socialista Txema Oleaga, portavoz del PSOE en la Comisión de Justicia. El Gran Orador, uno de los cargos más importantes de la GLE, es el socialista José Antonio Rodríguez Peregrina. El presidente de la Corte Masónica de Justicia también es otro miembro del PSOE: Lluís M. Moyà Noguera, que también fue presidente de la Asociación de Juristas de las Islas Baleares (AJIB). Como director del Consejo Rector de la Masonería, Oleaga introdujo al también miembro del PSOE Adolfo Zabala, que había sido Gran Superintendente del Gran Capítulo Provincial de Castilla. Asimismo, nombró al socialista Juan Carlos Goñi como Asistente del Gran Maestre.
Pedro Sánchez también tiene una curiosa historia con gente muy poderosa de Estados Unidos que, a todas luces y viendo lo que vemos hoy, no sería fantasioso pensar que está en el cargo de Presidente por ser perfectamente manipulable para estos globalistas masónicos que en realidad nos gobiernan. Don Pedro, su padre, le consiguió un trabajo a través de sus contactos en Wall Street, a donde se trasladó en 1995, y podríamos decir que fue apadrinado por Carlos Westendorp y Cabeza, embajador permanente de España ante la Unión Europea en Bruselas y representante permanente de España ante las Naciones Unidas. Tras llegar tarde en su primer día de trabajo a JP Morgan Chase (el poderoso banco de inversión que todavía comandaba David Rockefeller), en calidad de becario, donde acudió, según narra el chofer de Westendorp, desaliñado y oliendo a cannabis, aquella misma mañana fue despedido. Más tarde, ese mismo día, obligando a dicho chofer a que le permitiese conducir, estampó el coche contra un árbol. Un periodista fotografió la escena del accidente y Pedro Sánchez, tras hacerse pasar con una placa falsa del CESID (para no comprometer a Westendorp, ya que era su coche oficial), de que formaba parte de una misión española en colaboración con la CIA, amedrentó al periodista haciéndole saber que, si publicaba aquello, no llegaría vivo al día siguiente. El periodista le entregó las fotos prometiéndole no tener más copias. Hay que decir que Westendorp le había entregado veinte mil dólares para comprar al periodista, dinero que se quedó Sánchez. Como algo de película, durante meses Sánchez engañó a su padre y a Westendorp fingiendo trabajar en JP Morgan, cuando la realidad era que lo habían echado el primer día. Tiempo más tarde, el coche oficial de Westendorp, con el chofer y Sánchez a bordo, fue asaltado por tres individuos fornidos y se llevaron a Sánchez. Al informar el chofer a Westendorp de lo ocurrido, Westendorp le dijo que no se preocupara, que todo estaba bien y que Sánchez estaba en buenas manos. Tardó en aparecer cinco meses.
Esta historia, por descabellada que parezca, tiene sentido, pero no seguiremos con este asunto, solo lo mencionamos para hacer ver que Sánchez no ha llegado a la presidencia de España por ningún tipo de mérito particular. También llama la atención la fijación que demuestra Sánchez por la localidad almeriense de Mojacar. En una entrevista le preguntaron: ¿un viaje que le gustaría hacer? y ¿un lugar para perderse? A la primera, contestó que “siempre Mojacar” y, a la segunda, insistió de nuevo en Mojacar. Mojacar es un municipio de la provincia de Almería.
Almería fue una tierra de asentamiento de la masonería a lo largo del siglo XIX. En esa provincia se han llegado a localizar puntos álgidos en cuanto a la proliferación de organizaciones encargadas de captar a las personas para el crecimiento de la organización. Durante ese siglo se produjo un movimiento que llegó a acaparar una población elevada. Los ideales masónicos se expanden por la provincia de Almería entre 1880 y 1890. En esa época existían alrededor de 700 masones agrupados en unas 17 logias. Estos ideales se vieron favorecidos por la llegada al poder de los liberales bajo la presidencia de Mateo Sagasta en 1881. Estas logias almerienses estaban repartidas en dos grandes grupos con diferentes obediencias. Cada uno tenía sus órganos directivos y constitución propia, estos eran el Gran Oriente Nacional de España y el Gran Oriente Español. Si vemos el mapa de las logias masónicas de Andalucía es sorprendente ver que existe una logia en Mojacar, población que cuenta con tan solo 6000 habitantes. No obstante, a pesar de ser tan pequeña, en ella reside Stuart Walters, un septuagenario inglés afincado en esa localidad desde que se jubiló y que se ha convertido en uno de los miembros más activos de la masonería española.
Tras este inciso, retomamos la línea histórica de nuestro artículo y saltamos a 1911. Del 25 al 30 de junio de 1911 se celebró en Madrid el XXII Congreso Eucarístico Internacional convocado por el Papa para dar culto a la Eucaristía y orientar la misión de la Iglesia Católica en el mundo. En él se realizaron concentraciones y procesiones multitudinarias en la calle de Alcalá y la entrada de la Gran Vía. Ni qué decir que el frente anticlerical formado por los liberales, socialistas y masones trató de boicotearlo. El 29 de junio, Alfonso XIII dispuso que se llevara a cabo en palacio una ceremonia de gran trascendencia: la entronización de Jesús Sacramentado en el Salón del Trono, con toda la carga simbólica que tal cosa conllevaba, y la consagración de España al Sagrado Corazón. Terminado el acto, el legado del Papa, desde el balcón, bendijo con la custodia al pueblo congregado en la Plaza de la Armería, mientras sonaba la Marcha Real.
Una demostración de la Corona (y de una mayoría del pueblo) del fervor a esa devoción, viva en España desde los tiempos de Bernardo de Hoyos (presbítero jesuita, primer y principal apóstol en España de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, beatificado por la Iglesia católica el 18 de abril de 2010) e impulsada por León XIII. Los sectarios y fanáticos militantes del anticlericalismo, cegados por sus arraigados prejuicios, lo vieron, tal como ya habían anunciado previamente, como un acto de agresión clerical. Comenta Bárcena:
Pero la “provocación” más fuerte estaba por llegar: ya antes de 1911 habían surgido varias iniciativas de sacerdotes, como el padre Francisco Belda (en 1900), y laicos, tendientes a construir un gran monumento nacional, en el centro de España, en el Cerro de los Ángeles concretamente, al Corazón de Jesús. En 1916 llega a España una figura de importancia decisiva en la cuestión de las consagraciones, a las que dedicó gran parte de su vida, talentos y energías: el padre Mateo Crawley-Boevey. Era un sacerdote peruano, de la Orden de los Sagrados Corazones, que había asumido la misión de consagrar el mayor número posible de fieles al Corazón de Jesús. En su biografía hay una visita a Paray-le-Monial —el monasterio donde Santa Margarita María de Alacoque recibe las revelaciones del Rey de Reyes: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres»— que le confirmó en ese designio. Fue allí donde se consagró totalmente al Corazón de Cristo. De regreso en América, sigue predicando y publica libros y folletos; en 1912 había logrado que ciento veinte mil familias entronizaran al Sagrado Corazón en sus hogares. También un buen número de colegios, fábricas, hospitales y empresas hicieron lo mismo. En España fundó treinta y ocho centros de entronización, y naturalmente se implicó en el proyecto del Cerro, «estableciéndose el secretariado en el colegio de las Madres de los Sagrados Corazones. Se sufragaron los gastos por suscripción popular», a la que contribuyeron el papa Benedicto XV, y la familia real, «abonando el Conde [de] Guaqui, el coste íntegro de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que ascendió a 50.000 pesetas, y el 30 de junio de 1916, precisamente fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, se procedió a la bendición y colocación de la primera piedra llevando esto último a cabo la duquesa de la Conquista, camarera mayor de la reina María Cristina». No llegó a tres años el tiempo transcurrido en culminar el proyecto; la fecha fijada para la consagración fue el 30 de mayo de 1919”.
Alfonso XIII asumió el protagonismo que le correspondía en el solemnísimo acto. Al preguntársele si asistiría, contestó: «No hay dificultad», y cuando se le volvió a preguntar si leería la fórmula respondió: «Sí, por cierto».
Podemos imaginar la reacción de la masonería ante tamaña “desvergüenza” del rey. Los jefes masónicos, que reinaban sobre los partidos de izquierdas, no podían dejar de manifestarse: en un mitin electoral celebrado aquellos días, Miguel Morayta calificó de “bochornoso” el espectáculo de Madrid; Julián Besteiro afirmó que era un acto bochornoso y peligroso, y Pablo Iglesias terminó su diatriba contra el Cerro de los Ángeles, diciendo: “La locura ha hecho presa en la cabeza de nuestros gobernantes”.
Tras estos acontecimientos, el rey recibió la visita de una delegación de la masonería, y esto lo relata el propio Mateo Crawley:
Una semana después de este memorable acontecimiento (la consagración hecha en el Cerro de los Ángeles), me recibió S.M. en audiencia privada. Después de agradecerle expresivamente su participación en el acto del Cerro, el rey me respondió: «Padre, he tenido un gran gusto en cumplir en el Cerro de los Ángeles un deber de rey católico, pues el enemigo de nuestra fe está ya dentro de la ciudadela. Y le doy una prueba: en este mismo salón me vi obligado a recibir una delegación de la francmasonería internacional. Unos doce señores. He aquí lo que me dijeron: Tenemos el honor de hacerle ciertas proposiciones y garantizar con ellas que Vuestra Majestad conservará la corona, servirá fielmente a la monarquía, a pesar de las crisis tremendas que la amenazan y reinará en un ambiente de paz. Y al preguntar qué proposiciones eran aquellas, dicho señor me presentó un rico pergamino diciéndome: Con su firma, pedimos a Su Majestad, dé su adhesión a las siguientes proposiciones: 1ª, su adhesión a la masonería; 2ª, decretar que España será un Estado laico; 3ª, para la reforma de la familia, decretar el divorcio y 4ª, instrucción pública y laica. Sin titubear un instante, respondí: —Esto, ¡jamás! No lo puedo hacer como creyente. Personalmente, soy católico, apostólico y romano. Y como quisieran insistir, les despedí con una venia. Al salir, me dijo el mismo señor: —Lo sentimos, pues Vuestra Majestad acaba de firmar su abdicación como rey de España y su destierro. —Prefiero morir desterrado, repliqué con viveza, que conservar el trono y la corona al precio de la traición y la perfidia que me propone»”.
Ya sabemos todos que, unos años después, tuvo que poner tierra de por medio.





