Con este artículo ponemos el broche final a esta serie. En el momento en que lo escribo no sé si dará bastante con uno, dos o tres, pero no serán más o serán los que tengan que ser, o haré un capítulo largo y con eso cierro esta serie. Afronto esta última fase de la serie con dolor de corazón. Dolor, porque voy a tratar un tema que para mí, como católico, me duele. Pero a pesar de dolerme no sería ético ni moral haber destapado todas las desgracias ocasionadas por la masonería en todos los ámbitos de la historia (y ha sido solo un pequeño resumen) y no destapar las desgracias que esta secta ha ocasionado a la Iglesia de Nuestro Señor. Que es Jesucristo porque otro no hay.
La masonería, como ya habrá quedado claro en todo lo anteriormente expuesto, sirve en sus grados más altos a Lucifer. Y no había para el diablo plato más gustoso y más ansiado que infiltrarse en la Iglesia e intentar hacer el mayor daño posible. Y lo ha conseguido.También el comunismo hizo de las suyas, pero no nos engañemos, pues los que están tras la masonería también fueron fundadores del comunismo. Huelga decir que el triunfo no va a estar en su mano, pero el daño que ha ocasionado, está ocasionando y va a ocasionar no es baladí en absoluto. El peor enemigo que alguien pueda tener es aquel que lo tiene todo perdido; y ese es el caso del diablo. Al tenerlo todo perdido, la única satisfacción por la que vive es conseguir que muchos acaben igual que el (mal de muchos, consuelo de tontos o de desesperados). Dios lo expulsó de su Reino (que eso quiere decir que existe un punto de no retorno), pero no le quito el poder que tenía (entendiendo como poder los dones). Si Dios se lo hubiese quitado estaría ejerciendo de dictador en lugar de ser Dios. Dios no quita lo que otorga, pues, en el peor de los casos, nuestro mal uso de las gracias y los dones son los que nos llevan a nuestra ruina. El libre albedrío sugiere que Dios respeta lo que otorga, incluso cuando se usa para oponerse a Él. El mal no es una fuerza independiente, sino una corrupción o mal uso de lo bueno. Tener dones o capacidades no garantiza su uso correcto.
Bueno, tras esta introducción pasamos a ver un pequeño resumen de cómo la masonería tras siglos de ejercer el mal en el mundo, consiguió herir a su objetivo más ansiado: a la Iglesia Católica.
Comenzamos esta exposición partiendo de la premisa de que todas las religiones no son iguales. El papa Pio XI en su encíclica Mortalium Animus dice lo siguiente:
Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la Divinidad de su Persona o Misión. Los católicos no pueden aprobarlo. Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su Imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la Verdadera Religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.
El Catecismo Mayor de San Pio X lo refleja de la siguiente manera:
Punto-170.
¿Puede alguien salvarse fuera de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana? -No, señor; fuera de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, nadie puede salvarse, como nadie pudo salvarse del diluvio fuera del Arca de Noé, que era figura de esta Iglesia.
Punto-171.
¿Cómo, pues, se salvaron los antiguos Patriarcas y Profetas y todos los otros justos del Antiguo Testamento? Todos los justos del Antiguo Testamento se salvaron en virtud de la fe que tenían en Cristo futuro, mediante la cual ya pertenecían espiritualmente a esta Iglesia.
El Catecismo de Trento, producto del Concilio de Trento (1545-1563), fue una respuesta directa a la Reforma Protestante y, por lo tanto, es más explícito y apologético en su afirmación de la unicidad y superioridad de la Iglesia Católica en comparación con otras religiones o denominaciones cristianas. Lejos de promover la idea de que todas las religiones llevan a Dios, reafirmó la doctrina católica tradicional y se opuso firmemente a las enseñanzas protestantes.
El Catecismo de Juan Pablo II expresa lo mismo de manera más delicada y lo amplía. Dice lo siguiente:
Punto 845:
El Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado había dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a encontrar su unidad y su salvación. Ella es el «mundo reconciliado» (San Agustín, Sermón 96, 7-9). Es, además, este barco que pleno con su velamen que es la cruz de Cristo, empujado por el Espíritu Santo, navega bien en este mundo»; (San Ambrosio, De virginitate 18, 119); según otra imagen estimada por los Padres de la Iglesia, está prefigurada por el Arca de Noé que es la única que salva del diluvio (cf 1 P 3, 20-21)
Punto 846:
«Fuera de la Iglesia no hay salvación»
Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo: El santo Sínodo […] «basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella» (LG 14)
La adhesión a la Iglesia no se puede entender como una «opción voluntaria», en el sentido que cada uno podría salvarse según su gusto, según su opción ideológica, que podría elegir este medio de salvación u otro que a él se le ocurra. No es así, «la Iglesia no es un medio más, de salvación», sino que se trata: «del medio establecido por Dios para la salvación». Es el medio objetivo, el medio que Dios eligió. 2 h.c. Catecismo 845 – 848 Fuera de la Iglesia no hay salvación. Lo que exime de esa adhesión explicita a la Iglesia es la ignorancia, eso es lo que dice en este punto claramente: Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella» (LG 14). Pero no se trata de una opción (la ignorancia no es una opción). No es cuestión de gustos, sino que es el camino objetivo que el Padre estableció. Sabemos que Dios nos conoce en profundidad, y Dios lo que aprecia del hombre es su «buena voluntad», el deseo sincero de querer buscar el bien y la verdad. Por eso no es posible la salvación cuando hay un rechazo consciente del medio de salvación dado por Dios. En ese sentido sigue siendo válida la expresión: «fuera de la Iglesia no hay salvación».
Punto 847:
Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia: «Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).
Jesús hizo varias declaraciones explícitas sobre su naturaleza divina: «Yo y el Padre somos uno», «Antes que Abraham fuera, yo soy», «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre».
Estas afirmaciones fueron consideradas blasfemas por los líderes religiosos de su tiempo, precisamente porque entendían que Jesús se estaba equiparando a Dios
Los evangelios relatan numerosos milagros realizados por Jesús, que sirvieron como señales de su divinidad: Sanaciones de enfermedades incurables. Expulsión de demonios. Control sobre la naturaleza (calmar tormentas, caminar sobre el agua). Resurrección de muertos. Estos milagros no solo demostraban su poder sobrenatural, sino que también cumplían profecías mesiánicas del Antiguo Testamento.
La entrega voluntaria de Cristo por la humanidad es un aspecto central del cristianismo: Jesús predijo su propia muerte y resurrección en varias ocasiones. Afirmó que daba su vida en rescate por muchos. Su muerte en la cruz es vista como el sacrificio definitivo por los pecados de la humanidad. La combinación de estos tres elementos —afirmación explícita de divinidad, demostración a través de milagros y sacrificio voluntario por la humanidad— es única en Cristo. Su resurrección, considerada por los cristianos como el milagro definitivo, valida sus afirmaciones y su sacrificio, distinguiéndolo de cualquier otro líder religioso en la historia. Todo esto se puede demostrar a día de hoy —hay maneras de hacerlo—, pero sería contenido para escribir un libro. Todo esto y mucho más vendría a corroborar que todas las religiones no son iguales y, por tanto, la masonería, que sabe esto perfectamente, lleva siglos intentando derrotar a la Iglesia Católica. Porque sabe que es el único freno verdadero al que tienen que temerle.
No es casual, por lo tanto, que Lucifer odie tanto a la Iglesia y que, por lo tanto, la convierta en su más peligroso enemigo a batir, y de ahí se desprenda que mandase contra ella a todas sus hordas de demonios de masones y de comunistas como veremos más tarde. Otro dato interesante a día de hoy es el gran interés que tienen las sectas satánicas por conseguir hostias consagradas para llevar a cabo sus rituales satánicos. Eso dice mucho sobre la Fe que tienen los demonios en que Cristo se encuentra en ellas, si no se conformarían con las obleas sin consagrar. Durante muchos años Lucifer operó con diversos actores de manera cruenta contra los cristianos. La Iglesia ya nace perseguida, y podemos citar algunos ejemplos:
Persecución de Nerón (64-68 d.C.): Considerada la primera gran persecución contra los cristianos en Roma.
Persecución de Domiciano (81-96 d.C.): Este emperador se caracterizó por su crueldad hacia los cristianos. Durante su reinado muchos fueron martirizados, incluyendo a Simeón, obispo de Jerusalén, quien fue crucificado.
Persecución de Marco Aurelio (161-180 d.C.): Provocó la aniquilación de la comunidad cristiana en Lyon. Figuras conocidas como Justino, Potino y Blandina fueron torturadas y martirizadas.
Persecución de Septimio Severo (202-210 d.C.): Utilizó la persecución como pretexto para culpar a los cristianos de la peste y el hambre que asolaban el imperio.
Persecución de Maximino (235 d.C.): Dirigida principalmente contra los líderes de la Iglesia.
Persecuciones posteriores al Imperio Romano:
Persecuciones en Persia (siglo IV-VII): Los cristianos sufrieron bajo el Imperio Sasánida.
Persecuciones en el mundo islámico (siglo VII en adelante): Tras la expansión del Islam, los cristianos en territorios conquistados enfrentaron diversas formas de opresión.
Persecuciones en la era moderna
Revolución Francesa (1789-1799): La Iglesia Católica fue objeto de ataques y supresión.
México (1926-1929): La Guerra Cristera, resultado de la persecución anticatólica del gobierno mexicano.
España (1936-1939): Persecución de católicos durante la Guerra Civil Española.
Unión Soviética (1917-1991): Persecución sistemática de cristianos bajo el régimen comunista.
En estas cuatro últimas, y otras muchas de menor envergadura, no les quepa la menor duda de que la masonería tuvo muchísimo que ver. Se estrenaron con la Revolución Francesa, pero habían empezado mucho antes a elucubrar maneras de acabar con ella, pero fue su gran debut dicha revolución. Lucifer después de haber influido en gran manera desde tiempos remotos en todas las persecuciones, a partir de 1789, empieza a operar con estos nuevos elementos llamados masones. Huelga decir que, no solo contra la Iglesia, sino también contra los reinos en primer lugar y más tarde contra los Estados. Hay que reconocer que la única monarquía que ha sido bien tratada por la masonería ha sido la Inglesa, pero esto se debe a su gran complicidad con la secta.
CARBONERÍA Y DOCUMENTO DE ALTA VENDITA.
Pío IX, durante su pontificado, condenó a la Carbonería, una sociedad secreta que buscaba la unificación de Italia y que, en su contexto, era vista como una amenaza tanto para la Iglesia como para el orden civil. En su encíclica Multiplices Inter de 1865, el Papa se refirió a los carbonarios y a la masonería como grupos que «atacan las cosas públicas y santas» y conspiran contra la Iglesia y el poder civil, ya sea de manera abierta o clandestina.
Se incautó un documento a una de estas sociedades de carbonarios, llamado El Alta Vendita, también conocido como Instrucciones Permanentes de la Alta Vendita, que es un texto que describe estrategias para desestabilizar la Iglesia Católica. Se considera que fue elaborado por miembros de la carbonería (masones italianos), una sociedad secreta que buscaba promover ideales liberales y republicanos en Italia.
Este documento fue descubierto por el Papa Gregorio XVI antes de llegar a manos de Pío IX. Reconociendo su importancia, Pío IX ordenó su publicación en 1859 a través del historiador francés Jacques Crétineau-Joly en su obra L’Eglise Romaine en face de la Révolution. El Papa quería que los católicos conocieran los planes de estas sociedades secretas para protegerse contra sus influencias. Pío IX utilizó el contenido del Alta Vendita para reforzar su postura contra la masonería y otras organizaciones secretas que consideraba perjudiciales para la Iglesia. En sus encíclicas enfatizó la necesidad de resistir a estas influencias y defendió la integridad de la doctrina católica.
A través de su aprobación formal, Pío IX garantizó la autenticidad del documento, pero también advirtió sobre la necesidad de mantener en secreto las identidades de los miembros involucrados en las conspiraciones descritas, lo que refleja su preocupación por la infiltración y el daño potencial a la Iglesia. La publicación del Alta Vendita fue, por lo tanto, un acto deliberado para informar y proteger a la comunidad católica frente a las conspiraciones que se gestaban en su contra, consolidando así la posición del papado en un tiempo de gran agitación social y política.
El texto íntegro de la Instrucción Permanente también se encuentra en el libro de Mons. George E. Dillon, Grand Orient Freemasonry Unmasked [Desenmascarada la Masonería del Gran Oriente]. Cuando le entregaron al Papa León XIII un ejemplar del libro de Mons. Dillon, se quedó tan impresionado que mandó preparar a sus expensas una edición en italiano.
Alta Vendita era la logia más importante de los Carbonarios, una sociedad secreta italiana vinculada a la Masonería que, juntamente con ésta, fue condenada por la Iglesia Católica. El prestigioso historiador católico P. E. Cahill, S.J., al que no se puede tachar de “maníaco de las conspiraciones”, en su libro Freemasonry and The Anti-Christian Movement [La Masonería y el Movimiento Anticristiano] escribió que la Alta Vendita «era comúnmente considerada en la época como el gobierno central de la Masonería europea.» Los Carbonarios fueron muy activos en Italia y Francia [y en Portugal, principalmente de 1910 a 1926].
El Obispo Rudolph Graber, otro experto objetiva y totalmente irreprochable, que escribió después del Vaticano II, citó a un ilustre masón, el cual había declarado que «el objetivo (de la Masonería) ya no es la destrucción de la Iglesia, sino utilizarla por medio de infiltración. Esta afirmación parece haberse llevado a cabo en parte en nuestros días, pues a nadie ya se le escapa que, dentro de la jerarquía eclesiástica, la masonería ha depositado el virus masónico, cosa que veremos más adelante. Veamos el documento incautado a los carbonarios:
INSTRUCCIÓN PERMANENTE
“El Papa, sea quien sea, jamás vendrá a las sociedades secretas. Son las sociedades secretas las que deben dar el primer paso hacia la Iglesia, CON MIRAS A CONQUISTAR A AMBOS.»
La tarea que nos disponemos a emprender no es de un día, un mes o un año. Podría durar muchos años, quizás un siglo. Entre nuestras filas los soldados mueren, pero la batalla continúa.»
No intentamos ganar al Papa para nuestra causa, ni hacerlo adepto a nuestros principios o propagador de nuestras ideas. Sería un sueño absurdo; y si en el caso de los prelados y cardenales, por iniciativa propia o sorpresivamente, llegasen a conocer parte de nuestros secretos, sería motivo suficiente para no hacer deseable su elección al solio pontificio. Tal elección supondría nuestra ruina. La sola ambición lo llevaría a la apostasía, y para obtener el poder se vería obligado a sacrificarse. A lo que debemos aspirar, lo que debemos pedir y esperar como los judíos a su Mesías, es un papa que nos sea útil. […]
De esa forma podremos emprender un camino triunfal en el asalto a la Iglesia, mucho más que por medio de los escritos de nuestros hermanos o que con el oro inglés. ¿Sabéis por qué? Porque para destruir la poderosa roca sobre la que Dios ha edificado Su Iglesia ya no tenemos necesidad del vinagre de Aníbal, de la pólvora, ni de nuestros ejércitos. Es preciso meter en el complot a la mano del sucesor de Pedro, y esa mano es tan valiosa para esta cruzada como la de todos los Inocentes, Urbanos o San Bernardos de la Cristiandad.
No tenemos la menor duda de que nuestros esfuerzos se verán coronados por el éxito y alcanzaremos ese fin. ¿Cuándo? ¿Cómo? Todavía no nos es dado saberlo. A pesar de ello, como nada ni nadie debe apartarse del plan que se ha trazado tan meticulosamente, y como todos deberán empeñarse en su realización, como si ya a partir de mañana se pudiera realizar la labor que ahora esbozamos, queremos dar en estas instrucciones -que serán secretas para los iniciados novicios- consejos para los oficiales a cargo de la Venta Suprema, los cuales deberán inculcarlos a todos sus hermanos, en forma de instrucción o memorando. […]
Ahora bien, para tener un papa acorde con nuestras necesidades, es necesario formarlo primero. […] Para ese Papa, se moldea una generación digna del reino que soñamos. Dejemos pasar a los ancianos y los adultos. Empecemos a partir de los jóvenes y, de ser posible, hasta por los niños. […] Sin esfuerzo nos ganaremos la reputación de buenos católicos y grandes patriotas.
Esa reputación difundirá nuestra doctrina entre los sacerdotes jóvenes, e incluso en los monasterios. En pocos años será inevitable que ese clero nuevo y joven llegue a ocupar todos los cargos, que forme el consejo reinante y se lo llame a elegir el Pontífice que deberá regir la Iglesia. Y como muchos de sus contemporáneos, ese pontífice estará forzosamente empapado de los principios patrióticos y humanitarios que comenzamos a poner en circulación. Es una diminuta semilla de mostaza que estamos sembrando. Mas el amanecer de la justicia nos conducirá a los más elevados poderes, y veréis la cosecha tan copiosa que habrá producido tan pequeña semilla.
A lo largo del camino que estamos trazando, para los nuestros será necesario superar numerosos obstáculos y dificultades, pero triunfaremos gracias a la experiencia y la perspicacia. Mas el destino es tan espléndido que se hace necesario desplegar todas las velas para llegar. Si queréis revolucionar Italia, observad atentamente al Papa que acabamos de describir. Si queréis fundar el reino de los elegidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia, hacedlo de modo que el clero marche tras vuestra bandera creyendo que sigue la de la Fe apostólica. Si queréis hacer desaparecer el último vestigio de tiranía y opresión, echad las redes como lo hacía Simón bar Joná. Echadlas en las sacristías, seminarios y monasterios en vez de en el mar. Y si no os apresuráis, os prometemos una pesca más milagrosa que la suya. El pescador de peces se vuelve pescador de hombres. Colocaréis a vuestros amigos en torno a la silla de San Pedro. Habréis predicado una revolución vestida con la tiara y la capa pluvial que marcha con la bandera de la cruz. Una revolución que basta con encender mínimamente para que estalle en un fuego que se extienda a todos los rincones de la Tierra.»
El hecho de que dos Papas de la talla de Gregorio XVI y Pío IX estuvieran involucrados en la revelación y publicación del documento le otorga un grado significativo de credibilidad. La participación de estas dos figuras papales sugiere que el Vaticano consideraba el documento como auténtico y de suficiente importancia como para hacerlo público.
El hecho de que ordenaran su publicación indica que lo veían como una amenaza real que debía ser expuesta y contrarrestada. Más tarde, tras la muerte de de León XIII, ocurrió algo que si lo conectamos con el episodio de La Alta Vendita, podemos ver, que todo ese trabajo que La Carbonería se había propuesto, empezaba a dar sus frutos. Sacamos el siguiente extracto de la página «Que no te la cuenten»
UN CARDENAL MASÓN… RAMPOLLA
A la muerte de León XIII el cónclave que eligió a San Pío X tuvo dos particularidades: en primer lugar, uno de los candidatos favoritos (al menos fue el que encabezó las primeras votaciones, que fueron siete) el Cardenal Rampolla, según varias fuentes, era un alto miembro de la masonería; en segundo lugar, el emperador de Austria-Hungría Francisco José por medio del Cardenal Puzyna (Obispo de Cracovia) hizo saber que emplearía el Derecho de Exclusión, o Jus Exclusivae, posiblemente originado a partir del Siglo XVI por el cual el emperador tenía derecho de vetar la elección, pidiendo la exclusión del Cardenal Rampolla. Sería la última ocasión en que un emperador apelara a este derecho.
El Gran Maestre de la masonería Albert Pike escribió en 1871 (poco tiempo antes del pontificado de León XIII) sobre la verdadera naturaleza de la «Luz» que persiguen los masones. En sus voluminosos tomos, de «Moral y Dogma», Pike expresa crudamente los planes conspirativos de los verdaderos dirigentes de la masonería: «… dentro de poco el mundo vendrá hacia nosotros por sus Soberanos y Pontífices. Constituiremos el equilibrio del universo, y gobernaremos a los Amos del Mundo». ¿Quién era este Cardenal, entonces? El Cardenal Mariano Rampolla del Tindaro (1843- 1913), durante esta era turbulenta, en una Europa en inestable equilibrio, desgarrada por la guerra y envuelta en la tensión, trabajó activamente en la política exterior al servicio del Papa León XIII.
¿De dónde surgen las versiones que lo vinculan a la masonería? Monseñor Jouin, fundador y director de la Revue internationale des societés secrètes, con las pruebas de la afiliación del cardenal Rampolla en la mano, encarga a su redactor en jefe, el marqués de La Franquerie, que muestre estas pruebas a los cardenales y obispos de Francia. Félix Lacointa, director del periódico Le bloc anti-revolutionnaire (ex Bloc catholique), atestigua en 1929 en un artículo titulado “Le F Rampolla”, la pertenencia del Cardenal Rampolla a la masonería en la Logia Ordo Templi Orientis. En el propio Manifiesto de dicha Logia aparece el nombre del Cardenal como uno de sus miembros. La masonería habría encargado al “hermano” Rampolla dos misiones:
1) Fundar, en el seno del mismo Vaticano, una logia (la de “San Juan de Jerusalén”), que proveería altos dignatarios de la Santa Sede;
2) Hacerse elegir Papa a la muerte de León XIII.
El Papa León XIII falleció el 20 de julio de 1903. La primera sesión del cónclave fue el 1 de agosto. El Cardenal Rampolla lideró las dos primeras votaciones. Durante la segunda sesión, el día 2 de agosto, imprevistamente, el conclave fue interrumpido por una conmoción: el Cardenal Puzyma, Obispo de Cracovia (entonces dentro del Imperio Austriaco) se irguió para dar una declaración, que dejó anonadada a la asamblea.
Utilizando el latín declaró, «… oficialmente y en nombre y por la autoridad de Francisco José, Emperador de Austria y Rey de Hungría, que Su Majestad, en virtud de un antiguo derecho y privilegio, pronuncia el veto de exclusión contra Su Eminencia Reverendísima, el Cardenal Mariano Rampolla del Tindaro». Según distintos autores, Monseñor Jouin había recurrido personalmente al Emperador Francisco José para pedirle que invocara el Jus Exclusivae, teniendo algunas pruebas de que Cardenal Rampolla tenía por lo menos una afinidad cercana con la Masonería.
El Cardenal Rampolla manifestó su oposición, se volvió a votar, y finalmente el candidato que había obtenido el segundo lugar fue elegido Papa. Éste Cardenal –Giuseppe Sarto (1835-1914), Cardenal de Venecia– Papa a los sesenta y ocho años, eligió el nombre de Pío X. Como lo había previsto la Providencia, a pesar de la protesta humilde del Cardenal Sarto por su elección, fue escogido como el hombre providencial.
El Cardenal Rampolla dimitió inmediatamente como Secretario de Estado y fue reemplazado por el Cardenal Merry del Val. Mientras él mantuvo algunas oficinas, pasó voluntariamente a un semirretiro. Esto puede haber sido un arreglo deliberado entre el Cardenal Rampolla y el Papa para evitar el escándalo, quitando a Rampolla la posibilidad de que ejerciera una interferencia significativa; actitud que pudo haber reflejado, además, tanto la prudencia como la caridad del Papa en tomar medidas basadas en información alarmante, evitando mientras tanto las penas más ásperas en ausencia de pruebas precisas. La prueba, en la forma del Manifiesto, sería conocida en años posteriores.
Félix Lacointa, en la publicación antes mencionada de 1929, narra: “En el curso de nuestra última entrevista con Mons. Marty, obispo de Montauban, como lo teníamos al corriente de los descubrimientos hechos recientemente y veníamos a hablar del cardenal Rampolla di Tindaro, tuvo a bien relatar que luego de la visita ad limina que hizo a Roma, algún tiempo después de la muerte del antiguo secretario de Estado de León XIII, fue llamado por un cardenal (Merry del Val, secretario de estado de San Pío X) que le contó con abundantes detalles que a la muerte del cardenal Rampolla, se descubrió entre sus papeles la prueba formal de su traición. Estos documentos abrumadores fueron entregados a Pío X: el santo pontífice se aterrorizó, pero quiso preservar del deshonor la memoria del prelado felón y con el fin de evitar un escándalo, dijo muy conmovido: ¡El desgraciado! ¡Quemadlos!” Y los papeles fueron arrojados al fuego en su presencia”.
Según se desprende de toda esta historia, estuvo muy cerca un masón de ostentar el mayor cargo eclesiástico. Gracias al Emperador Francisco José y a las pruebas aportadas por Monseñor Jouin, se pudo abortar esta elección in extremis. No sería una especulación pensar, entonces, que este episodio le granjeara al archiduque Francisco Fernando, sobrino y heredero de Francisco José I, el odio que la masonería mostró por él, entre otras circunstancias, y que acabó con el desenlace de su asesinato por parte de miembros de la masonería el 28 de junio de 1914 en Sarajevo, Bosnia, y que tuvo consecuencias dramáticas, ya que se considera el detonante directo de la Primera Guerra Mundial. Aunque la opinión del que escribe es que más bien fue planificado para desencadenar la Primera Guerra Mundial con el objetivo de eliminar un Imperio eminentemente católico y arrebatarle Palestina a los turcos para regalársela a la masonería sionista.
BELLA DOOD
Pasemos ahora a ver otra curiosa historia sobre la infiltración comunista en la Iglesia, de la mano de Bella Dodd. Según los relatos sobre Bella Dodd, ella hizo algunas afirmaciones importantes sobre una supuesta infiltración comunista en la Iglesia Católica:
Afirmó que había convencido a «por lo menos 1200 jóvenes» para entrar en los seminarios católicos con el fin de convertirse en sacerdotes y obispos y así «corromper a la Iglesia desde dentro».
En su testimonio ante una comisión del Senado de Estados Unidos, Dodd declaró que sabía de al menos de «cuatro cardenales que, en el Vaticano, trabajaban para el Partido comunista». Dodd explicó que el objetivo era «destruir la fe del pueblo católico mediante la promoción de una pseudo-religión de “justicia social” que se parecía al catolicismo pero que claramente no lo era».
En su libro Escuela de oscuridad, Dodd reveló que el comunismo proponía una especie de «religión de la justicia social» que arraigaba en los más sencillos, incluyendo a los católicos más preocupados por los problemas de las personas necesitadas. Es importante notar que estas afirmaciones de Bella Dodd provienen de sus declaraciones después de su conversión al catolicismo y su ruptura con el Partido Comunista.
Con Dios no hay coincidencias. En un día fresco del otoño de 1950, un caso de apelación de inmigración llevó a Bella a Washington D.C. Mientras caminaba por la Avenida Pennsylvania hacia el edificio de oficinas de la Cámara de Representantes en el Capitolio, se topó con un viejo amigo del barrio de su infancia en el este del Bronx. Christopher McGrath era ahora representante del Congreso por el Distrito Veintisiete. La invitó a su oficina para hablar de los viejos tiempos. Pudo ver que ella estaba claramente angustiada y asustada y le preguntó si quería protección del FBI. Cuando ella se negó, él dijo que rezaría por su seguridad. Luego preguntó: Bella, ¿te gustaría ver a un sacerdote? Él la había tomado con la guardia baja, pero ella respondió fervientemente: Sí, lo haría. En el lugar, la secretaria del congresista hizo llamadas y consiguió una cita con monseñor Fulton Sheen de la Universidad Católica.
Bella vio a Monseñor Sheen por primera vez en su casa esa noche en los suburbios de Washington. Mientras Christopher la llevaba allí, pensó en las muchas mentiras y bulos que había dejado pasar (incluso se había dicho a sí misma) contra su Iglesia cuando trabajaba para los comunistas. Tenía verdadero miedo de encontrarse con monseñor. No tenía por qué preocuparse, porque el buen sacerdote la escuchó sollozar: Dicen que estoy en contra del negro, la acusación que más la hirió. La llevó a su capilla privada y se arrodillaron ante una estatua de Nuestra Señora. Bella sintió que la batalla interna cesaba y la paz tomó su lugar. Luego le entregó un rosario y le dijo que lo viera durante su visita a Nueva York en el invierno. Ahora se dio cuenta de que la promesa comunista de la “hermandad del hombre” era imposible sin la Paternidad de Dios.
Bella comenzó a asistir a misa diaria en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe. Leyó a San Agustín, Santo Tomás de Aquino y otros clásicos de escritores y pensadores católicos. Compró y estudió libros de oraciones y otros libros sobre la fe. Luego comenzó a recibir instrucciones periódicas del propio obispo Sheen. Vi cómo la Historia, los hechos y la lógica eran inherentes a los fundamentos de la fe cristiana, afirma en su autobiografía, School of Darkness. Al acercarse la Pascua de 1952, el obispo dijo que estaba lista para ser recibida en la Iglesia. Dado que no se pudo localizar ningún registro de bautismo en la pequeña ciudad italiana donde nació, el obispo Sheen la bautizó condicionalmente en la Catedral de San Patricio. Luego se confesó y recibió a Nuestro Señor de manos del obispo Sheen a la mañana siguiente en la misa. Era como si hubiera estado enferma durante mucho tiempo y me hubiera despertado renovada después de que la fiebre había desaparecido, escribió.
En el año 1953, Bella fue convocada por un comité del Congreso que investigaba la infiltración de comunistas en las altas esferas del Gobierno de los Estados Unidos. Su nueva fe la fortaleció para afrontar esta terrible experiencia con valentía y determinación. Juró ante el subcomité de Seguridad Interna del Senado que había varios comunistas en oficinas legislativas del Congreso y en varios grupos que asesoraban al presidente de los Estados Unidos. También testificó sobre la toma comunista de los sindicatos en el país y sobre su experiencia personal al conseguir puestos para miembros del Partido en los sindicatos.
Quizás lo más aterrador de todo fue su testimonio de que durante su estancia en el Partido, “más de mil cien hombres habían sido puestos en el sacerdocio para destruir a la Iglesia desde dentro”, siendo la idea aquí que estos hombres serían ordenados al sacerdocio y progresar a posiciones de influencia y autoridad como monseñores e incluso obispos. Afirmó que “en este momento están en los lugares más altos de la Iglesia” donde estaban trabajando para debilitar la eficacia de la Iglesia contra el comunismo. Estos cambios, afirmó, serían tan drásticos que “no reconoceréis a la Iglesia católica”. Unos años más tarde, en una conversación con una nueva amiga católica, Alice von Hildebrand, Bella le dijo que hay cuatro cardenales dentro del Vaticano «que están trabajando para los comunistas». Esto fue doce años antes del Vaticano II.
Al parecer, Sheen prohibió a Dodd identificar públicamente a esos cardenales, pero eso no significa que no se hayan realizado comunicaciones privadas. Sheen tenía sus propios contactos en el Vaticano y una buena relación con el Papa Pío XII, por lo que es posible que tales comunicaciones se produjeran. Sin embargo, todavía estamos demasiado cerca de los acontecimientos de esta era de la historia y la documentación aún no está disponible para historiadores e investigadores. Por el momento, seguirá siendo una cuestión abierta. Para terminar con este relato, vamos a copiar algunos párrafos del libro Bella y el Diablo, escrito por Mary Nicholas y Paul Kengor. El libro se presenta como una historia de conversión, esperanza y redención, mostrando cómo Bella Dodd pasó de ser una figura prominente del comunismo a una defensora del catolicismo y crítica de su antiguo partido. Expondremos algunos párrafos sueltos sin más comentarios:
1ª
Los comunistas estaban preocupados por la influencia internacional de la Iglesia y la veían como una amenaza. La propia Bella había reclutado a unos 1.100 hombres para los seminarios”. Este capítulo podría estar lleno de citas como estas, pero en su lugar se centrará en testimonios reales de testigos oculares de las declaraciones de Bella. Las obras autorizadas son de Alice y Dietrich von Hildebrand, Johnine y Paul Leininger y Sherry Finn. Del testimonio de un testigo presencial de Hildebrand. Una de nosotras (Mary Nicholas) entrevistó a la respetada escritora y filósofa católica Dra. Alice von Hildebrand sobre esta misma cuestión. Alice nació en marzo de 1923 y vivió una larga vida, muriendo en enero de 2022 a los noventa y ocho años. En 1940, llegó a los Estados Unidos desde Bélgica, a principios de la Segunda Guerra Mundial, escapando de los nazis. Fue en Estados Unidos donde conoció a Dietrich von Hildebrand, el renombrado erudito y teólogo católico. Era un destacado teólogo que se manifestó en contra del Führer.
2ª
Mi contacto con Bella Dodd fue una de esas amistades que crecieron muy rápido”, le dijo Alice a Mary. Recordó a ella, a su esposo y a Bella: “La conocimos en el otoño de 1965 y murió en abril de 1969.
Alice continuó con algunas revelaciones notables: “Ella estaba en estrecho con-tacto con cuatro cardenales que estaban en el Vaticano y que trabajaban para el Partido Comunista”.
Y luego, Alice le contó esto a Mary Nicholas sobre Bella y la infiltración en la Iglesia: “Lo único que sé sobre Bella Dodd y que podría jurar es, que fue después del Vaticano II. Mi marido dijo: “Hay algo sucediendo en la Iglesia. Temo que la Iglesia esté siendo infiltrada”. Entonces Bella dijo: “Tú lo temes. Yo lo sé”. Entonces mi marido saltó de s silla y dijo: “¿Qué quieres decir?”. Y ella dijo: “Cuando era una comunista de pleno derecho estuve en estrecho contacto con cuatro cardenales en el Vaticano que trabajaban para nosotros y que siguen activos hoy día”. Eso fue en 1967.
3ª
Mientras vivió Bella Dodd, mantuvo un estrecho contacto con el obispo Sheen. Él sabía lo que ella revelaba en sus numerosas conferencias y nunca intentó frenarla ni cuestionar lo que decías, pero no le permitió revelar nombres. La Iglesia Católica Romana teme con razón los escándalos.
En un discurso pronunciado en el condado de Orange, California, Bella dijo a un auditorio repleto que en la década de 1930 Stalin ordenó a sus subordinados que intentaran infiltrarse en los seminarios católicos. Dodd fue designada para seguir fielmente esta directiva y, dado su extraordinario carisma para persuadir a la gente, afirmó públicamente que ella era la única responsable de la infiltración de cientos de Judas en los seminarios católicos: “Jóvenes que no tenían ni fe ni moral”.
Creemos que son suficientes los ejemplos entresacados del libro Bella y el Diablo. No nos cabe la menor duda de que la historia de Bella es totalmente cierta, ya que la avalan los testimonios de personas fiables a más no poder.
MARIE CARRÉ
A continuación, vamos a comentar la historia que nos cuenta Marie Carré. No podemos comprobar de manera categórica la historicidad de lo que nos cuenta en su libro E.S. 1025, memorias de un anti-apóstol. Relata las memorias de un agente comunista soviético que se infiltró en la Iglesia Católica en 1938. Pero, cierto es, que encaja como un puzle con los hechos comprobados que nos narraba Bella Dodd. Esta «memoria» no tendría seguramente mucho valor, si es que no hubiese encontrado confirmación en la historia real de la agente comunista.
Marie Carré fue una monja francesa nacida en 1905 y fallecida en 1984. Aunque no se dispone de muchos detalles sobre su vida temprana, se sabe que experimentó una conversión religiosa significativa en su vida adulta. En 1964, a la edad de 59 años, Marie Carré se convirtió del calvinismo al catolicismo. Este cambio de fe marcó un punto de inflexión en su vida. Es principalmente conocida por su obra literaria, específicamente por su controvertido ensayo publicado en mayo de 1972 titulado E.S. 1025, memorias de un anti-apóstol. Este libro ha ganado popularidad en círculos católicos tradicionalistas. Encabeza el prólogo de su libro con estas palabras:
Señor Mío, Tú sabes muy bien que creo firmemente que Tú eres fortísimo. ¿Acaso hay que explicarlo? Sí, hoy en día, sí… creo que es imperante, porque las personas sólo ponen su confianza en el poder del hombre… poder que envía cohetes al espacio pero que deja morir de hambre aquí en la tierra… poder que hace trabajar a la máquina, pero hace de ella un instrumento para esclavizar al ser humano aplastado… un poder que pretende no tener necesidad de Dios, pero que hace trampa al hablar de la Creación del mundo. ¡Es necesario que me calle, es necesario que me calme! Todo lo que escribí antes está destinado a retardar (por pudor) el momento en donde debo presentarme al lector, pero el momento ha llegado. Soy una pobre enfermera, que ha visto morir a muchas personas y que aun así, cree en la Misericordia de Dios.
Solo soy una simple enfermera que en un país del cual no diré el nombre y en un hospital que debe permanecer anónimo, vio morir, debido a un accidente automovilístico, a un hombre sin nombre, sin nacionalidad… un hombre sin papeles. Sin embargo, había en su portafolio papeles que me vi obligada a revisar. Uno de ellos comenzaba de esta forma: “Yo soy el hombre que no tiene nombre, el hombre sin familia, sin patria y sin herencia…” Pero este texto, en apariencia, leído al azar en un centenar de páginas mecanografiadas, no daba ninguna pista para poder identificar al herido. Pero, ¿quién puede saberlo? En fin, siendo honesta, ya que he hablado de confesión, voy a hablar con total franqueza: tuve ganas de leer esas notas íntimas desde el principio y cedí a esa tentación. Ya no podía dudar y dejé que mi curiosidad femenina sofocara mis escrúpulos.
El herido no era irlandés, tampoco parecía más o menos eslavo. ¡Pero no importaba porque de todas formas no podía hablar! Intenté por todos los medios que él me diera información suya pidiéndole que cerrara los párpados cada vez que la respuesta a la pregunta fuera “sí”. Cuando hice esto, aún no había leído los documentos que él traía, pero él no quiso o no tuvo las fuerzas para responder a mis preguntas… ¿cómo poder saberlo? Fue después de su muerte cuando me di cuenta (al leer sus documentos) que él debía haber sufrido mucho más allá del dolor provocado por sus heridas. Le di un nombre, lo llamaba Miguel porque este Arcángel me ha ayudado a menudo, es así que yo rezaba por este hombre, llamándolo “Miguel” sin saber que era uno de nuestros peores enemigos. Lo hacía según mi deber de cristiana, rezando y pidiendo por él con un ardor incomparable. Actualmente, mando decir misas. Espero que Miguel me perdone al publicar sus memorias y descubrirlo, pero es por su bien y el nuestro… “Ad majorem Dei Gloriam”.
El protagonista, conocido como E.S. 1025 (Estudiante Seminarista número 1025), fue enviado por el Partido Comunista para infiltrarse en la Iglesia Católica. Este número indicaba que era el anti-apóstol comunista número 1025 preparado para entrar en el sacerdocio y causar estragos en la institución. Según el mismo cuenta en el libro, era adoptado y a pesar de tener unos padres bondadosos no se adaptó a la familia, decidió escaparse a Rusia. A través de los contactos propiciados por otras personas, acabó contactando con el tío de su mejor amigo gracias a una recomendación que este le facilitó. Nos cuenta en el libro:
No voy a narrar, por motivos fáciles de adivinar, cómo atravesé la frontera y llegué finalmente a Leningrand. Pero por otro lado, mi primera visita al tío tiene carácter de inmortal ya que la recuerdo de memoria y me divierte mucho revivirla periódicamente. No sabía qué puesto desempeñaba el tío en la administración rusa pero decidí ser al cien por ciento, franco con él, ya que pensé que si quería llegar al nivel que deseaba, era mejor la franqueza con el hombre que tenía enfrente. Creo que me comprendió a la perfección desde esa primera visita y le agradé. El Tío me dijo que antes que nada debía estudiar la doctrina del Partido e idiomas. Todo dependería de la calidad de mis estudios. Le respondí que en todo sería siempre el primero y que pronto sabría incluso más que mis profesores. Siempre es agradable conocer a alguien que se muestra cómo es y que sentía que sólo con él podía yo mostrarme… y así se lo dije. Él se sintió halagado. Respondió con una pequeña sonrisa irónica. En ese momento, me sentí más fuerte que él con toda certeza. También sentí una gran oleada de alegría en mi interior, por primera vez desde mi huida. No duró mucho pero parecía un buen augurio de todas formas. Estudié con ferocidad durante 6 años. Mis dos únicas alegrías eran mi visita trimestral al tío y mi odio hacia Dios, con la certeza de que llegaría a ser el Jefe indiscutible del ateísmo universal. Cuando hube terminado los 6 años de estudios, el tío me convocó una tarde a su oficina por primera vez, ya que todas las veces anteriores me recibía en su casa. Ese día constaté que él era un alto funcionario de la policía como lo había supuesto anteriormente.
Me hizo una proposición brutal, propia debía pensar él, a molestarme. Me dijo:
“Te voy a enviar ahora, a practicar un ateísmo militante e internacional. Deberás luchar contra todas las religiones, pero especialmente contra la católica porque es la mejor estructurada. Para hacerlo, vas a entrar al seminario y convertirte en sacerdote católico y romano”.
Mi única respuesta fue un silencio durante el cual dejé que la alegría me invadiera mientras guardaba una apariencia de total indiferencia. El tío estaba muy contento y no lo escondía. Con la misma calma continúo:
“Para poder entrar al seminario, vas a regresar a Polonia, vas a reconciliarte con tu familia adoptiva y te presentarás al Obispo de tu región”. Necesito que seas aceptado por un verdadero obispo de tu país de origen, Polonia. Pero no te preocupes porque no tenemos intención de que hagas tus estudios religiosos en ese país. Vamos a enviarte al otro lado de la costa del Atlántico, pero esta información es confidencial y necesitas hacerte el sorprendido cuando te enteres. Esto es porque tememos una guerra europea, con este loco que gobierna Alemania. Por ello, nos parece más prudente que estudies en alguna parte de la costa de Canadá por ejemplo. Otro motivo es que los seminarios europeos son más severos que en América”.
Puede ser que estas pocas líneas (aunque parezcan muchas), no reflejen lo interesante de esta historia (hay que leer el libro), pero se llega a sentir escalofríos cuando se lee el libro completo. De hecho, vamos a señalar a continuación el nivel de maldad de este individuo (el antiapóstol 1025), mostrando unos capítulos donde narra cómo consiguió ser aceptado en el seminario y las prácticas que llevaba a cabo en sus confesiones:
Desde que entrara yo al seminario, debía dedicarme a descubrir la forma de destruir todo lo que me enseñaban. Para ello, debía estudiar atenta e inteligentemente, es decir, sin pasión alguna, la Historia de la Iglesia. No debía perder nunca de vista que las persecuciones no sirven más que para hacer mártires que los católicos utilizan de pretexto para dar razones de su linaje de católicos. Así que no habrá más mártires. No hay que olvidar que todas las religiones están basadas en el miedo, el miedo ancestral, todas vienen de ahí. Conclusión: si eliminamos el miedo, eliminaremos las religiones. Pero no es suficiente. “Te toca a ti descubrir los buenos métodos” –me dijo el tío mientras yo me hundía en la alegría– “Me escribirás todas las semanas brevemente para enviarme todos los temas e ideas que quieras que esparzamos por el mundo, con una breve explicación del porqué de ellos. Después de un tiempo corto o largo, serás puesto en contacto directo con la red. Es decir, que tendrás diez personas que sigan tus órdenes, quienes a su vez tengan otras diez a su cargo. Las diez personas que estén directamente bajo tus órdenes no te van a conocer directamente. Siempre seré yo el intermediario, de esta forma, jamás serás denunciado. Tenemos ya numerosos sacerdotes en todos los países donde está presente el catolicismo, pero tú jamás conocerás ninguno ni ellos te conocerán a ti. Incluso existe un obispo con quien seguramente tendrás contacto en algún momento dependiendo del grado que alcances. También tenemos espías en todos lados y, en especial, ancianos que se encargan de la prensa en el mundo entero. Un resumen de todo esto te será enviado regularmente. De esta forma sabrás cuándo tus propias ideas hagan mella en los espíritus de las personas. Verás, una idea es buena cuando un escritor imbécil la escucha, le gusta y publica como suya. Porque no existe nada tan vanidoso como un escritor.
Partí a Polonia intentando persuadirme de que el éxito de mi disimulo serían mis dones de comediante. A mis veintiún años, después de haber vivido seis solitariamente siendo un estudiante pobre y ambicioso, necesitaba convertirme en un hombre joven afectuoso, considerado, obediente y piadoso… ¡más que piadoso!, ardiente por entrar al seminario. Una bonita comedia para iniciar. Pensaba que sin duda podía engañar a mi madre… ¿pero a mi padre, el Doctor? Temía por su diagnóstico.
Este hombre era tal vez, el único del que jamás tuve miedo en la vida. Por tanto, tenía que metérmelo en el bolsillo no importando el precio. No porque no pudiera entrar al seminario sin su apoyo, sino porque quería probar mi fuerza y para ello debía estar libre de sospecha. El Doctor representaba un examen de mi propio valor. Toqué el timbre de “mi casa” alrededor de las dieciocho horas, con la intención de estar con ella una hora aproximadamente, antes de que mi padre regresara a casa del trabajo. Ella me abrió… había envejecido mucho y no tenía maquillaje alguno. Parecía enferma. Comenzó a temblar y después a llorar. Las mujeres no están hechas más que para estar al servicio del hombre, calladas y atendiendo únicamente a las necesidades de los hombres. Pedí perdón por mi largo silencio, esperando que la cuestión del arrepentimiento fuera rápidamente aceptada y olvidada. Con ella, sabía que llegaríamos rápidamente a la alegría del reencuentro y de los proyectos futuros. Como sabía que ella no podría haber tenido mayor deseo que el verme convertido en sacerdote católico, le hice saber de inmediato acerca de mi irresistible vocación sacerdotal. La pobre tonta estaba tan feliz que hubiera podido hacerle creer lo que quisiera. Ella quería saber cómo es que la idea de la amada vocación había surgido.
Vagamente había pensado en diversas explicaciones pero al final había renunciado a premeditar esta escena, ya que generalmente lo planeado suena menos real que lo espontáneo. Le conté una historia acerca de una aparición, una historia destinada a ganarla a mi favor. Sabía bien que el Doctor no creía tanto en ese tipo de cosas, pero ella tenía una debilidad por lo milagroso. Al día siguiente, solicité una audiencia con el obispo. Mi falsa madre lo conocía desde que eran pequeños. Me recibió gentilmente pero sin entusiasmo. Seguro pertenecía al grupo de católicos que creen que es preferible no excitar una vocación, sino al contrario, combatirla. Una verdadera vocación debe triunfar sobre todos los obstáculos. Él me pidió que a continuación me presentara con el cura de mi parroquia, así como a un religioso de gran renombre por tener el don de discernimiento de espíritus, lo cual significaba que podía detectar todas las vocaciones falsas, desde el simple soñador hasta el malo de intención.
Inmediatamente me puse en camino a casa del cura, un hombre valiente y simple, quien tenía ganas de ver florecer una vocación dentro de su parroquia. Él me habría dado todo lo que poseía (que no era nada) para apoyarme y festejar la buena noticia. Estuve muy orgulloso de contarle que jamás había tenido novia ni salido con nadie y que las chicas no me interesaban para nada. Pensaba que era un signo claro de vocación… y la palabra vocación podía también referirse a aquélla que yo desarrollaba dentro del Partido, en donde también me era útil la indiferencia a las chicas… ¡Parecía predestinación en ambos casos! Apóstol o antiapóstol, no estar casado más que con el apostolado. Debo admitir que, por ello, me volvía muy elocuente cada vez que la palabra “apostolado” aparecía en nuestra conversación. Muchos días pasaron y aún no había respuesta, como si a la Iglesia no le urgiera tener otra vocación sacerdotal. Por mi parte, seguí trabajando en mis ideas, y esperando las próximas noticias… ¡Cuando por fin me llamó el Obispo! Y en ese momento, pareció que la tierra se abriera ante mí, porque el Obispo me dijo tranquilamente que el religioso pensaba que yo no tenía vocación. Ya había enviado un telegrama urgente al Tío.
Por mediación de un sacerdote que me servía de buzón la respuesta vino rápidamente. Era breve y me sorprendió a medias. Decía: “Elimina el obstáculo”. Había recibido un entrenamiento especial exclusivo de los agentes secretos. Sabía atacar y defender. Lo que no sabía era si era mejor simular un accidente o un paro cardiaco. ¿Debía sembrar ansiedad o probar mi destreza? Pensaba que era mejor eliminarlo fuera del monasterio, así que solicité a mi contacto que invitara al religioso a su casa bajo cualquier pretexto. Para mi buena suerte, estos dos ya se conocían. No miento al afirmar que moría por saber que había llevado a este religioso a rechazar mi “verdadera vocación”. Era muy importante para mí porque así, aprendía a perfeccionar mi comedia religiosa. Además, estaba trastornado por esta derrota y tenía la esperanza de hacer cambiar al religioso de parecer. Esperando esta segunda entrevista, daba los últimos toques a mi verdadero trabajo. El religioso no pareció sorprendido cuando llegué. Mi amigo debía haber intentado que hablara pero dado que había sido en vano, me hizo una señal convenida previamente entre nosotros.
No me sentía desanimado, pero abordé suavemente a ese íntegro hombre. Le insistí que cometía un asesinato quitándome la oportunidad de ser sacerdote, y por lo mismo, insistía en saber los motivos que lo orillaron a tomar esa decisión. Pero él me respondió que no tenía motivo alguno, que simplemente el Señor lo iluminaba sobre las almas y que la mía, no tenía carácter de sacerdote. Debo reconocer que me enervó porque su respuesta no era una verdadera respuesta. Pero, finalmente, tuve que reconocer que no mentía. Era verdad que no tenía un motivo concreto para rechazarme salvo una especie de instinto que no tenía nada de científico. Él de verdad estaba sumergido en esa magia. Le dije que estaba decidido a presentarme a otro Obispo en otro lado. Me respondió con su sonrisa angelical que hacía mal en obstinarme. Le dije que era capaz de arrebatarle la vida si con eso pudiera entrar en el seminario. Su respuesta me dejó completamente estupefacto: “Lo sé”. Nos miramos un largo rato… y finalmente me dijo: “Usted no sabe lo que hace”. Reconozco que en ese momento me hubiera encantado huir al otro extremo del mundo. Este religioso tenía un poder que no podía explicar. Pero mi amigo me hizo una seña… él sabía que vacilaba. Y yo… yo sabía que todo habría terminado para mí si desobedecía a las órdenes del Tío. Debía deshacerme del obstáculo yo mismo. Mi valor debía ser visiblemente comprobado por ese gesto de obediencia y coraje. Fue así que me levanté y le provoqué la muerte sin heridas. Los agentes secretos teníamos la oportunidad de entrenarnos en una técnica proveniente del Japón. En esa época, pocas personas de Occidente eran conscientes de las posibilidades extraordinarias que ofrece el cuerpo humano tanto para defender, atacar o causar la muerte con las manos únicamente. Rusia reconocía que en esto los japoneses eran ases, y estoy seguro que cuando yo estudié estas técnicas, pocos países europeos e incluso americanos enseñaban estos métodos tan estéticos y eficaces.
Esta parte del libro es una de las que más impresiona, no obstante se podrá comprobar en la parte que sigue que no es lo peor y con la que acabaremos esta historia para pasar a la siguiente. Se observa una determinación diabólica, hay que tener las ideas malévolamente claras para poder llevar a cabo una acción de estas características. Continuamos con otro fragmento del libro:
Habiendo provocado en dos rápidos gestos (pero que requirieron un largo entrenamiento) la muerte del religioso, aquél que tuvo la audacia casi cómica de plantarle cara al marxismo-leninismo y por ende, plantarle cara al futuro, regresé a casa muy tranquilamente. ¿Causa de la muerte? Paro cardiaco. Al día siguiente, mi cuerpo estaba cubierto de pequeños granos. Estaba furioso porque eso era, ciertamente, un signo de debilidad… signo de que mi hígado no había soportado la tensión. ¡Estúpido! Pero después me felicité porque resultaron beneficiosos, ya que, gracias a ellos, mi padre creyó que yo sufría verdaderamente de no poder entrar al seminario y decidió ir a defender mi caso con el Obispo… y con éxito.
Me preparé abiertamente a entrar al seminario y mi madre hacía para mí compras exorbitantes, cuando estalló la bomba en forma de un telegrama llamándome a Roma “para una nueva asignación”. Me hice el sorprendido y fingí no entender nada. Mi madre comenzó a llorar de emoción. Dejé escapar un gran suspiro de alivio cuando abandoné el país de mi infancia al que esperaba jamás regresar. En Roma, tuve conversaciones muy interesantes con un Profesor que después se convertiría en el mío cuando ya había tomado la sotana. Él era parte de nuestra red y era muy optimista, por cierto. Se había especializado en la Escritura Santa y trabajaba en una nueva traducción de la Biblia al inglés. Lo magnífico de su trabajo era que su único colaborador era un pastor luterano, quien a su vez, ya no estaba de acuerdo con su propia iglesia considerándola anticuada. Claro está que dicha colaboración era secreta. El objetivo de ambos era librar a la humanidad de todos los sistemas que existían en ella como resultado de la Biblia, y en especial, del Nuevo Testamento. Por eso, la Virginidad de María, la Presencia Real en la Eucaristía y la Resurrección, debían ser puestas entre paréntesis para llegar poco a poco a una simple supresión. La dignidad del hombre moderno les parecía valer ese precio. El Profesor me enseñó también a decir la misa de forma razonable ya que, después de seis años estaría obligado a decirla diario. Esperando una modificación profunda de toda esta ceremonia, él no pronunciaba jamás las palabras de la consagración. No obstante, para no levantar sospechas, pronunciaba unas semejantes al menos en la terminación y me enseñó a hacer lo mismo. Todo lo que hacía de esta ceremonia un sacrificio, debía ser eliminado poco a poco ya que el objetivo, era únicamente que se convirtiera en la representación de una cena en común, como hacen los protestantes. Tuve muchas más dificultades para entender el nacimiento del deseo de vocación en los jóvenes, porque era tan simple que difícilmente creía en ella. Aunque es verdad que cuando los chicos entre 4 y 10 años conocen un sacerdote simpático, tienen deseo de parecerse a él. Ahí, comprendí mejor mi odio por la sotana, porque estos pequeños jamás hubieran sentido una real o imaginaria presencia y poder del sacerdote, si no fuera porque él mismo se hacía notar al llevar una vida tan diferente a los demás. Su disfraz era una de esas diferencias, y aún podemos decir que ese disfraz siempre proclama la doctrina del que la porta. Para mí, la sotana es como una muestra de un matrimonio entre un Dios descrito como infalible y estos hombres… quienes manifestaban a cada paso su don y su separación del mundo.
Cuanto más meditaba esto, más me enfurecía. Pero también estaba muy agradecido con la vida por haberme permitido pasar mi infancia y una parte de mi adolescencia en una familia muy católica, porque creía firmemente que el valor de mi trabajo como anti apóstol provenía de ahí. Sabía que a causa de mis experiencias pasadas sería el mejor de los agentes y, en consecuencia, jamás hubieran sentido una real o imaginaria presencia y poder del sacerdote, si no fuera porque él mismo se hacía notar al llevar una vida tan diferente a los demás. En fin, todo iba tan bien que me aburría y buscaba la acción que pudiera darle una chispa a mi vida y no se me ocurrió nada mejor que ir a confesarme con uno de mis profesores del cual yo parecía ser su preferido. Me confesé pues, a un noble viejito, uno que apodábamos nosotros “Ojos Azules” con cierta ternura. Incluso a veces me dejaba llevar por el encanto de su mirada infantil. Es por eso, que lo escogí para esta experiencia. Para mí, se trataba de ver cómo iba a actuar para respetar el secreto de la confesión pero al mismo tiempo tratar de enviarme de vuelta a casa. Yo pensaba que no habría riesgo para mí, porque al fin y al cabo podía negarlo. Además, yo era el mejor estudiante en todo, con excelentes notas. Era por mucho el más inteligente de todos. Le pedí pues, a “Ojos Azules” que me escuchara en confesión y le conté todo lo esencial, que era comunista, que era parte de los servicios secretos división del ateísmo militante, que había asesinado a un religioso polaco que dijo que yo no tenía vocación… Cosa extraña, “Ojos Azules” me creyó en seguida.
Hubiera entonces podido inventar cualquier tipo de historia. Tuvo primero el reflejo banal de hablarme de mi salud eterna, cosa que me hizo reír mucho. ¿Se imaginaba él que yo tenía el mínimo átomo de fe? Entonces le expliqué que no creía en Dios ni en el demonio. Una confesión así debía ser completamente novedosa para él. Casi lo compadezco. “¿Qué esperas al pedir ser consagrado sacerdote?” Mi respuesta fue muy franca: “Destruir a la Iglesia desde el interior”. “Eres muy pretencioso” – me contestó a su vez. Me enojé y de buena gana le confesé que ya éramos más de mil seminaristas y sacerdotes. “No te creo” – “Como quiera, pero yo soy el número 1025 y aun suponiendo que algunos estén muertos, puedo asegurar que somos mil”. Hubo un largo silencio, cortado por una voz muy seca que me preguntó: “¿Qué esperas de mí?”. Me era muy difícil explicarle que únicamente había querido divertirme viendo cómo se iba a comportar para respetar el secreto de la confesión. Así que dije simplemente: “Supongo que va usted a mandarme de vuelta a casa”. “¡Mandarte a casa! ¿No eres tú el más brillante y piadoso de todos nuestros alumnos?”. Entonces fui yo el que no supe responder… pero dije: “¿Es que esta confesión no le esclarece sobre mi verdadera personalidad?”. “La confesión ha sido instituida por Nuestro Señor Jesucristo para el bien de las almas, por tanto ésta no es de ninguna utilidad”. –“¿Ni aún sirve para comprenderme mejor?”. –“Ni aún para eso, puesto que en cuanto te marches habré olvidado todo”. –“¿De verdad?”. –“Tú lo sabes bien, puesto que estudias entre nosotros”. – “Ah, lo sé teóricamente, ¿pero cómo saberlo prácticamente?”. –“Así que, ¿es éste el motivo real de esta increíble confesión?”. –“Tal vez”. –“Si tienes otro motivo, harías mejor en decírmelo”, -“No” –respondí gentilmente– “No, sólo quiero estudiarlo, es todo”. Pareció estar reflexionando… después me dijo: –“Vana empresa, puesto que no pasará nada de nada”. –“¿Nada de nada?”. –“No, nada. Tú lo sabes”. Y se fue dejándome abatido.
Al día siguiente, un condiscípulo que se creía mi amigo porque le agradaba, me dijo en voz baja: “Ojos Azules rezó toda la noche en la capilla”. ¿Que podía decir contra mí si no era por esta confesión? Nada. No sabía el pobre viejo, que un comunista está dispuesto a cualquier sacrificio. Todas esas personas se imaginan que solo los cristianos hacen sacrificios…
Increíble la dureza del relato y el grado de maldad del falso seminarista. También cabe destacar la sacralidad del secreto de confesión, alguno podrá pensar que esa confesión tendría que haber sido revelada y denunciada, pero eso no puede ser. El secreto de confesión es considerado absolutamente inviolable en la Iglesia Católica. Se argumenta que permitir excepciones, incluso en casos extremos, abriría la puerta a más excepciones y eventualmente destruiría la inviolabilidad del sacramento. Si hace cincuenta años alguien hubiese revelado algún secreto de confesión, a día de hoy no existiría ya el sacramento. En resumen, para la Iglesia Católica el secreto de confesión es absoluto e inviolable por razones teológicas, pastorales y prácticas, sin admitir excepciones incluso en los casos más graves. Hemos transcrito toda esta parte del libro porque creemos de vital importancia conocer estos datos sin recortarlos mucho para poder transmitir toda la dureza y la maldad de ese individuo. Creemos que ha merecido la pena. No obstante, recomendamos la lectura completa del libro. No tiene desperdicio ninguno. No podemos certificar la autenticidad completa de este relato, pero ciertamente leyendo el libro con detenimiento se da uno cuenta de que ocurren cosas que son muy difíciles de imaginar. Otra cosa por la que merece la pena tenerlo en cuenta es la cantidad de datos que daba en aquellas fechas y que prácticamente se han cumplido casi todos. El relato tiene una concordancia tremenda con lo que relata Bella Dodd, que esa historia sí que está autentificada. Y, por último, también habría que destacar el encaje de esta historia, con la que contaremos a continuación, la historia que nos narra el padre Charles Murr en su libro Asesinato en el grado 33, que es de una autenticidad impecable. Nadie dude de la implicación de la masonería en la historia que nos cuenta Marie Carre en su libro (que estamos prácticamente convencidos de que fue cierta por todo lo explicado anteriormente), ya que la conexión de la masonería con el comunismo es muy estrecha como ya comentamos en capítulos anteriores.
CHARLES MURR
Charles Theodore Murr-Létourneau, nacido el 15 de agosto de 1950 en Saint Paul, Minnesota, es un sacerdote católico, autor y educador estadounidense con una interesante trayectoria dentro y fuera del Vaticano. Murr fue ordenado sacerdote el 13 de mayo de 1977 en la Basílica de San Juan y San Pablo en Roma. Obtuvo dos licenciaturas de la Universidad Gregoriana en antropología filosófica y teología sagrada. Durante su tiempo en Roma, Murr estableció importantes conexiones dentro del Vaticano: trabajó en la oficina de información del Vaticano (L’Ufficio Informazioni) desde 1974 hasta 1979. Fue asistente especial del Cardenal Édouard Gagnon, entonces director del Colegio Canadiense de Roma. Tuvo conocimientos del trabajo que llevaba a cabo el Cardenal Gagnon en una misión confidencial encargada por el Papa Pablo VI para investigar la presencia de la masonería en la Curia Romana.
En 1979, Murr fue enviado a México para obtener experiencia pastoral. Allí fundó un orfanato en Tepatitlán, Jalisco, que llegó a albergar a 148 niños. Por esta labor recibió los premios «Diez jóvenes destacados del mundo» y «Diez jóvenes estadounidenses destacados» en 1985. Murr es autor de varios libros, entre los que destacan: Asesinato en el Grado 33, donde relata su experiencia con el Cardenal Gagnon en la investigación sobre la masonería en el Vaticano. Memorias de un padre soltero, posiblemente relacionado con su experiencia en el orfanato y otros. A través de sus escritos y entrevistas, Murr ha compartido información sobre intrigas en el Vaticano, incluyendo eventos relacionados con la muerte del Papa Juan Pablo I y la elección de Juan Pablo II.
Para desarrollar nuestra siguiente historia, nos centraremos en su libro Asesinato en el Grado 33. Por las páginas del libro de Murr pasarán algunos de los cardenales de mayor confianza e influencia sobre Pablo VI, que tuvieron un papel fundamental en el Concilio Vaticano II y que eran destacados miembros de la masonería, tal como descubrió Gagnon. El propio Jean-Marie Villot, Secretario de Estado de Pablo VI; Sebastiano Baggio, que era el responsable de los nombramientos de los obispos y futuros cardenales; el obispo Annibale Bugnini, Secretario Adjunto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y de la Congregación para los Ritos, cuyo papel en el Concilio explicaba la radical revolución litúrgica del mismo; Agostino Casaroli, Vicesecretario de Estado con Villot y Secretario de Estado con Juan Pablo II. Se había infiltrado la masonería en los puestos clave de la curia romana tal como dijo Pablo VI el 29 de junio de 1972: Por alguna grieta ha entrado el humo de Satanás en el templo de Dios.
El libro relata que el Papa Pablo VI encargó al arzobispo Édouard Gagnon realizar una investigación sobre la presencia de la masonería en la curia romana. Esto sugiere que el Papa tenía serias sospechas sobre una posible infiltración masónica en los más altos niveles de la Iglesia. Murr presenta esta información basándose en su experiencia personal trabajando con Gagnon y en las conversaciones que mantuvo con él sobre la investigación. Gagnon tuvo la ocasión de entregar su informe sobre la masonería en la iglesia, que ocupaba un total de tres tomos, a los papas Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, reaccionando los tres de manera diferente. Pablo VI, que recibió a Gagnon el 16 de mayo de 1978, no quiso depurar a los masones que señalaba en su arduo trabajo de investigación. Le dijo que se estaba muriendo –de hecho murió el 6 de agosto— y que su informe se lo enseñase a su sucesor.
Juan Pablo I, fue elegido Papa el 26 de agosto de 1978 con el apoyo de Benelli, siendo este el cardenal papable del ala conservadora en el cónclave a la muerte de Pablo VI, pero era vetado por Villot, que a su vez era el papable de los progresistas. Benelli hizo una jugada “maestra” convenciendo a los cardenales que le iban a votar que le dieran su voto al Cardenal Luciani, que de hecho al final sería el Papa Juan Pablo I. El 25 de septiembre de 1978 Juan Pablo I dio Audiencia a Gagnon para que le presentara su informe sobre la infiltración de la masonería en la Iglesia. Menudo trago tenía ante sí el Santo Padre que estaba obligado a enfrentarse y a cesar al Cardenal Baggio con la mayor urgencia, por ser este cardenal uno de los principales de los señalados en la lista por ser el que nombraba a los obispos. El 28 de septiembre, a primera hora de la mañana, llamó personalmente el Papa a Baggio para que se presentase en su despacho, rehusando este hacerlo, ya que decía que estaba muy ocupado. Baggio sabía que tras el encuentro se produciría su cese por ser conocedor, a través de Villot y Casaroli, del encuentro del Papa con Gagnon donde se le señalaba como masón. Tras varios desplantes durante ese día, no le quedó más remedio que acudir a las 8 de la tarde ante Su Santidad. La reunión duró una hora muy tensa y la Guardia Vaticana, tal como señala Murr en su libro, fue testigo de los gritos que dio Baggio a Juan Pablo I.
Tras este encuentro y desconociéndose si el Papa cenó u optó por orar o acostarse, sabemos que falleció a las 10 de la noche, una hora después de finalizar su encuentro con Baggio, el que por cierto siguió en su puesto cardenalicio. Juan Pablo II será elegido Papa el 16 de octubre de 1978 de manera similar a Juan Pablo I, estando el Cardenal Benelli detrás de su elección. Mientras tanto, tras el fallecimiento de Villot, Juan Pablo II nombró Secretario de Estado al cardenal Casaroli, lo que causó estupor entre los conservadores ya que este había sido el máximo artífice del acercamiento a los países del Este, lo que además no era grato para el Papa polaco. Por otra parte, Casaroli daba largas a Gagnon, retardándose su audiencia, ya que el Papa estaba con frecuencia de viaje. Gagnon fue recibido, por fin, por el papa, el 6 de febrero de 1979. Según refiere Murr en su libro el encuentro fue decepcionante por lo que el prelado canadiense se vio avocado a dimitir de su cargo en el Vaticano y volver a la selva colombiana, donde había sido muy feliz ejerciendo su labor pastoral.
Gagnon le enseñó su informe a Juan Pablo II, y este, en principio, optó por no hacer nada. Ante la frialdad mostrada por el Papa, Gagnon también le advierte que tiene información de que la masonería pretende atentar contra él. Dos años después, en el aniversario de la Virgen de Fátima, el 13 de mayo de 1981, el Santo Padre recibió cuatro disparos de bala del ciudadano turco Ali Agca. ¿Quién estaba detrás del atentado? Ya se vislumbraba la categoría del nuevo Papa, muy incómodo para los intereses comunistas, por lo que interesaba su eliminación. Según cuenta Murr, cuando Juan Pablo II despertó del coma en su habitación del clínico Agostino Gemelli, algunas de las primeras palabras que dijo fueron GAGNON, GAGNON. El obispo canadiense fue localizado y enviado desde Colombia a presencia del ya restablecido Papa, que lo nombró cardenal además de cesar a Baggio en su cargo de Prefecto de los Obispos para nombrarle Presidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, donde no tendría efectos negativos para la Iglesia su pertenencia a la masonería.
La misión del prefecto del Dicasterio para los Obispos es fundamental para el funcionamiento y la organización de la Iglesia Católica. Sus principales responsabilidades incluyen: evaluar candidatos potenciales; consultar con las iglesias locales, conferencias episcopales y representantes pontificios; establecer criterios para la elección de candidatos, considerando las diferentes necesidades culturales; organizar la formación de nuevos obispos con la ayuda de obispos experimentados y expertos de diversas regiones. ¿Nos hacemos una idea del daño que un masón como Baggio pudo llegar a hacer siendo el encargado directo de elegir obispos? Máxime cuando sabemos ya que había una ingente cantidad de comunistas ordenados según nos cuenta Bella Doog y Marie Carré. Y no eso solo, sino que, al margen de los infiltrados, también había y hay muchos sacerdotes que, sin ser infiltrados, comulgaban con ciertas ideas liberales debido a la mala formación recibida en multitud de seminarios.
Sebastiano Baggio estuvo al frente del Dicasterio para los Obispos (anteriormente llamado Congregación para los Obispos) durante 11 años, desde 1973 hasta 1984. Aunque no podemos dar un número preciso, dada la duración de su mandato (11 años) y su posición influyente, es razonable suponer que el cardenal Baggio pudo haber participado en la promoción y nombramiento de cientos de obispos durante este tiempo. La selección y nombramiento de obispos es una tarea continua y crucial en la Iglesia Católica, y como Prefecto de la Congregación para los Obispos, Baggio habría estado directamente involucrado en este proceso para diócesis de todo el mundo. Y no digamos ya, el daño llevado a cabo por el otro masón que también ostentó un cargo importante dentro de la Iglesia: Annibale Bugnini.
Bugnini ocupó varios cargos importantes relacionados con la liturgia dentro de la Iglesia Católica: fue secretario de la Comisión para la Reforma Litúrgica desde 1948 durante el pontificado del Papa Pío XII. En 1960 fue nombrado secretario para la preparación de la Pontificia Comisión de Liturgia del Concilio Vaticano II. Durante el Concilio Vaticano II fue nombrado experto de la Comisión Conciliar para la Sagrada Liturgia en 1962. En 1964, el Papa Pablo VI lo nombró secretario del Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia (Comité para la Aplicación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia). En 1969 fue nombrado secretario de la Congregación para el Culto Divino. Posteriormente fue nombrado arzobispo y nuncio apostólico en Irán. Y este cambio tan drástico vino dado porque en realidad fue una expulsión encubierta, ya que Irán contaba en ese momento con unos cuantos miles de católicos, seis o siete mil. Pero el daño ya estaba hecho.
Pero retrocedamos un poco. En el año 1947 tuvo lugar en Francia una reunión sobre la liturgia. El P. Duployé, miembro de esta junta, escribe:
Unos días antes de dicha reunión, yo había recibido la visita de un sacerdote italiano, el P. Bugnini, que me había pedido ser invitado. El padre escuchó muy atentamente sin decir una palabra, durante cuatro días. Cuando volvíamos a París, me dijo: “Admiro lo que ustedes hacen, pero el mayor servicio que les puedo prestar es no decir nunca en Roma una palabra de todo lo que acabo de escuchar».
Si hubiera hablado, el Papa Pío XII hubiera intervenido e impedido la desastrosa revolución litúrgica que preparaban los modernistas. El P. Bugnini actuó como un infiltrado en la Iglesia sin ninguna lealtad al Papa y a la Iglesia. Él y sus compañeros prepararon el texto que fue discutido y aprobado en el Concilio Vaticano II acerca de la Liturgia. En este texto se utiliza el lenguaje con tanta habilidad que los obispos de buena fe se dejaron engañar, porque al mismo tiempo que les daban garantías de seguir la Tradición y no suprimir el latín, abrían el camino al desastre que conocemos. Este texto contiene bombas de tiempo. Después del Concilio sus autores sacaron las conclusiones extremas escondidas en los textos ambiguos. El filósofo y teólogo italiano Romano Amerio escribe:
La reforma litúrgica contradice los textos de la gran asamblea, y se caracteriza por el carácter anfibológico [de doble sentido] de sus prescripciones, sobre los cuales se ejercitan tanto la sutileza bicéfala de los redactores como la hermenéutica [interpretación] posterior.
El P. Bugnini dice que el Cardenal Gaetano Cicogniani “dudó y quiso volver a leer” el texto definitivo del esquema sobre la Liturgia que iba a ser presentado al Concilio. Pasó una semana sin aprobarlo. Finalmente, el 1 de febrero de 1962, lo firmó. El P. Bugnini reconoce que “si el cardenal Cicogniani no hubiera firmado la Constitución, humanamente hablando hubiese sido un desastre. Todo hubiera sido puesto en duda”. El P. Wiltgen dice que los poderosos elementos conservadores de la Sagrada Congregación de los Ritos insistían en que Cicogniani rehusase su firma al documento ambiguo y, por lo tanto, peligrosísimo. El cardenal estaba consciente de esto. Entonces “el Papa Juan llamó a su Secretario de Estado [el hermano de Cicogniani] y le dijo que visitase a su hermano y no volviese hasta que el esquema estuviese debidamente firmado. El 1 de febrero de 1962 acudió a la oficina de su hermano, se reunión con el arzobispo Felici y con el P. Bugnini en un pasillo próximo, e informó a su hermano de los deseos del Papa Juan. Posteriormente un perito de la comisión Preparatoria de la Liturgia afirmó que al anciano cardenal casi se le saltaban las lágrimas cuando blandió el documento en el aire y dijo: “Quieren que firme esto, pero yo no sé si quiero hacerlo” luego apoyó el documento sobre su mesa, tomó una pluma y le puso su firma. Cuatro días después falleció”.
El cardenal Ciconiani no quería firmar porque veía el peligro de ciertos pasajes ambiguos del esquema, dice Michael Davies. Hay que aclarar que de la pura letra del concilio no se pueden interpretar ninguno de los cambios que Bugnini y su cuadrilla llevaron posteriormente a cabo. El Concilio, en la famosa Constitución Sacrosanctum Concilium, había dicho:
No se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente, a partir de las ya existentes” (No. 23)[7]. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular” (No. 36). “La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la Liturgia romana” (No. 16).
No se ha tenido ninguna cuenta de todo esto. Finalmente, después de la fabricación de la Nueva Misa, el P. Bugnini fue secretario de la Sagrada Congregación del Culto Divino (1969-1975), puesto clave para poder imponer sus cambios, en nombre del Santo Padre, a los sacerdotes clarividentes que se resistían a aceptarlos. Es decir, que obligó a todo aquel que no compartía su plan a llevarlo a cabo, porque tenía el poder para hacerlo, pasando por encima de la letra del Concilio que, aunque aprobaba excepciones, no las imponía. Las preguntas que cabría hacerse son las siguientes: ¿los que profesamos la fe y concurrimos a la Iglesia con devoción lo hacemos en vano?; ¿todas las misas del Novus Ordo a las cuales hemos asistido son o no son válidas?; ¿somos culpables de dejarnos llevar por esta línea? Y la respuesta sería: no, no es en vano, no son inválidas. Pero tenemos que saber de qué se nos ha privado. Imagínese que usted tiene derecho a alimentarse con solomillo de ternera y se lo cambian por hamburguesa. La hamburguesa lo mantendrá vivo, pero ¿qué es mejor?
DR. ROBERTO DE MATTEI
Un dato curioso es que después de ser publicado el libro del padre Murr, Asesinato en grado 33, cayó en manos de Roberto de Mattei. Quedó tan impresionado y se vio tan identificado con el padre Murr (él vivió también parte de los acontecimientos que Murr relata en su libro), que le ofreció publicar un prólogo para apuntalar los datos de su libro. Al estar publicado ya el libro, en los ejemplares vendidos no aparece dicho prólogo, pero creemos que sí saldrá en nuevas ediciones. De todas maneras, en la web del padre Murr se puede ver. Destacaremos ahora algunos comentarios que de Mattei hace en su prólogo, y que refuerzan aún más los datos de Murr. Dice de Mattei:
La narración del padre Murr termina con la audiencia del arzobispo Gagnon con el Papa Juan Pablo II en 1979. Fue en ese mismo año cuando conocí a la doctora Wanda Poltawska, de Cracovia, y, a través de ella, en 1980, a monseñor Mario Marini. Poltawska era una amiga muy querida del nuevo Papa. Se había curado milagrosamente de un cáncer gracias a las oraciones del Padre Pío, y fue el padre Karol Wojtyla quien hizo llegar su petición al Padre Pío. A través del doctor Poltawska tuve la oportunidad de conocer al Papa Juan Pablo II, pero sobre todo al joven secretario personal del Papa, monseñor Stanislaus Dziwisz. El doctor Poltawska me habló de la gran estima y admiración que el Papa Juan Pablo II sentía por el arzobispo Gagnon. Su estima era tal que, tras el atentado contra su vida, el Papa llamó a Gagnon a Roma, le nombró Presidente del Consejo Pontificio para la Familia y le creó cardenal. Cuando, junto con el marqués Luigi Coda Nunziante, formamos la Asociación Famiglia Domani, encontramos en él un amigo y un apoyo. El cardenal Gagnon murió el 25 de agosto de 2007, y debe ser considerado como un gran defensor de la Iglesia, que el padre Murr representa bien en su libro.
En una de las muchas conversaciones que mantuve con él, monseñor Mario Marini me contó que cuando Gagnon fue a entregar a Juan Pablo II los resultados de su investigación vaticana, cometió un error fatal. Al describir la dramática situación de la Iglesia, Gagnon no pudo contener las lágrimas, confirmando así la imagen que el Secretario de Estado [el cardenal Jean Villot] había dado de él al Papa: un hombre en crisis, deprimido, trastornado, en definitiva poco fiable. Juan Pablo II escuchó a Gagnon, pero no intervino. Tras la muerte del cardenal Villot, monseñor Marini vio con gran preocupación cómo se otorgaban puestos clave del Vaticano a quienes prosperaban a la sombra del nuevo Secretario de Estado de Juan Pablo II, el cardenal Agostino Casaroli. Marini me explicó, con todo detalle, la existencia de lo que él llamaba una «Mafia», que rodeaba al Papa polaco. Cuando utilizaba la palabra «Mafia», siempre dejaba claro que la Santa Iglesia seguía siendo divina e indefectible, incluso con los eclesiásticos que la sirven y la traicionan.
Según monseñor Marini, para entender lo que estaba ocurriendo en el Vaticano había que retroceder a la muerte de Pablo VI [6 de agosto de 1978], cuando dos fuertes grupos regionales o «clanes» se disputaban el poder en la Ciudad de los Papas. Marini los llamó la «Familia» lombardo-piamontesa y la «Familia» Romañola, atribuyendo a la palabra «Familia» lo que la Mafia entiende por «cosche», clanes o grupos en control de un territorio.
Con la muerte de Pablo VI, las dos «Familias» suscribieron un «pacto de acero» por el control del Vaticano. El director de este acuerdo fue el arzobispo Achille Silvestrini, sombra y alter ego del cardenal Casaroli, a quien había sustituido en 1973 en la secretaría del Consejo para los Asuntos Públicos de la Iglesia. El propio Silvestrini —como nos lo presenta Julia Meloni en una excelente reconstrucción de la historia— es el «cerebro» de la mafia de San Galo [The St. Gallen Mafia, Tan, 2021, tr. en., The St. Gallen Mafia, Faith and Culture, 2022].
Las infiltraciones masónicas en la Iglesia son una realidad, tan real como lo fueron las infiltraciones del KGB en los años del Concilio Vaticano II. Sin embargo, es una estrategia típica de los movimientos secretos ridiculizar a sus adversarios difundiendo desinformación o documentos que son a la vez verdaderos y falsos; documentos entrelazados de tal manera que enturbian las aguas. Por eso debemos tratar estos asuntos con cautela y equilibrio, sin caer en una mentalidad «conspirativa» que a menudo es una trampa tendida por los propios movimientos secretos. Del relato del padre Murr se desprende claramente que tal mentalidad era completamente ajena al arzobispo Gagnon, que abordó su delicada misión con tacto, integridad y un compromiso con la verdad.
LOUIS BOUYER
No solo tenemos el testimonio de Charles Murr sobre la investigación de los masones que anidaban en el Vaticano. Tenemos también otro testimonio de primerísima mano que Louis Bouyer, en su libro Memorias, nos deja meridianamente clara la labor maléfica del masón Bugnini. Louis Bouyer fue un destacado teólogo y sacerdote católico francés del siglo XX, cuya vida y obra tuvieron un impacto significativo en la teología y la liturgia de la Iglesia Católica. La relación entre Louis Bouyer y Annibale Bugnini fue tensa y conflictiva, especialmente en el contexto de la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II. Fue consultor durante el Concilio Vaticano II para la reforma litúrgica, mientras que Bugnini era el secretario y principal impulsor de dicha reforma.
Bouyer denunció que Bugnini utilizaba sistemáticamente “subterfugios” y “manipulación” para imponer sus ideas en la reforma litúrgica. Según él, Bugnini engañaba tanto al Papa como a los consultores para lograr sus objetivos. Le decía a los consultores para lograr sus objetivos (que eran empobrecer la liturgia y llevar a cabo cambios para eliminar profundidad) que “el Papa lo quiere” cuando hacia cambios que tenían oposición por parte de estos, mientras que al Papa le aseguraba que los consultores pedían esos cambios de forma unánime. Un tramposo en toda regla.
Un ejemplo concreto de esta manipulación fue el caso de la Plegaria Eucarística II. Bouyer la escribió como un borrador en una trattoria (pizzería), pero Bugnini la presentó como definitiva sin el trabajo adicional que Bouyer había solicitado. Esto quiere decir que la Plegaria Eucarística II, que es la que se pronuncia en la misa durante la consagración, es el resultado de un borrador hecho a la ligera en una pizzería. A pesar de ser solo una de varias plegarias eucarísticas, la Plegaria II se convirtió en la más comúnmente utilizada en las celebraciones litúrgicas. Esto se debe en parte a su brevedad y simplicidad, lo que facilitó su adopción por parte de muchas parroquias. Sin embargo, esta popularidad también ha sido objeto de críticas, ya que ha desplazado otras plegarias, especialmente el Canon Romano, que es considerado el núcleo de la liturgia latina. El zorro de Bugnini se encargó de que fuese la más popular aprovechando el puesto que ostentaba. Vamos a ver ahora algunos párrafos del libro de Bouyer para hacernos una idea de la opinión que Bouyer tenía de Bugnini.
1º
No quisiera ser demasiado duro con los trabajos de esta comisión. Contaba con un cierto número de auténticos estudiosos y más de un pastor experimentado y juicioso. En otras circunstancias, habrían podido realizar un trabajo excelente. Lamentablemente, por una parte, un error mortal de juicio puso la dirección oficial de este comité en manos de un hombre que, aunque generoso y valiente, no era muy erudito: el cardenal Lercaro. Era absolutamente incapaz de resistir las maniobras del canalla de boca tímida que pronto se reveló como el vicenciano napolitano Bugnini, un hombre tan carente de cultura como de honestidad básica.
Además de esto, no había esperanza de producir nada de mayor valor que lo que realmente saldría de ello, con esta pretensión de refundir de arriba abajo y en unos pocos meses, una Liturgia entera que había tardado veinte siglos en desarrolla.
2º
Se trataba de evitar la moda holandesa de improvisar eucaristía ignorando por completo la tradición litúrgica que se remonta a los orígenes cristianos. Todavía no puedo comprender por qué aberración estas excelentes personas, que eran historiadores bastante buenos y en general intelectuales razonables, pudieron sugerir que el Canon Romano fuera desmembrado y recompuesto de manera tan desconcertante, así como otros proyectos que pretendían estar “inspirados” por Hipólito de Roma.
3º
Para terminar con este triste relato, señalaré qué subterfugios utilizó Bugnini para obtener lo que más quería su corazón, o, mejor dicho, lo que los hombres que deben llamarse sus manejadores lograron pasar a través de él. En varias ocasiones, ya se trate de la supresión de la liturgia de los difuntos o incluso de aquella increíble iniciativa de expurgar los Salmos para utilizarlos en el Oficio Divino, Bugnini se topó con una oposición no sólo masiva sino también, podríamos decir, casi unánime. En tales casos, no dudó en decir: “¡Pero el Papa lo quiere!”. Después de eso, por supuesto, no se trató de discutir más sobre el asunto.
La respuesta (a las mentiras de Bugnini), me la daría semanas después el propio Pablo VI. Mientras discutía conmigo sobre nuestra famosa obra, obra que finalmente había ratificado sin estar mucho más satisfecho que yo, me dijo: “¿Y ahora porque hiciste (tal cosa) en la reforma?” En este punto, debo reconocer que ya no recuerdo específicamente cuál de los detalles que ya he mencionado le molestaba. Naturalmente, le respondí: “¿por qué? Simplemente porque Bugnini nos había asegurado que usted lo deseaba absolutamente”. Su reacción fue instantánea: “¿Es posible? ¡Él mismo me dijo que ustedes eran unánimes en esto!”
Resaltar tan solo un par de cosas de estos extractos del libro de Bouyer. Lo primero, es acentuar cuando dice que Bugnini hizo lo que más quería su corazón, y esto era obedecer a los hombres que eran sus manejadores. Dato este muy importante, porque está declarando que Bugnini no servía a la Iglesia sino a otros intereses que no creo que haya que explicar más profundamente.
Y lo segundo, sería destacar como Bouyer en el encuentro con el Papa Pablo VI, ante el reproche del Papa por haber reformado algo que no le gustó, le explica que a la comisión tampoco, pero que Bugnini afirmó que el Papa lo quería así y al Papa le dijo que la comisión lo había decidido por unanimidad. Un mentiroso y un fullero Bugnini que engañó a ambas partes, a la comisión y al Papa. No obstante, también habría que resaltar la excesiva confianza que el Papa depositó en Bugnini.
ORACIÓN AL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
Vamos a ver ahora algunos aspectos de la encíclica Humanum Genus de León XIII, documento de referencia para todo católico que desee conocer este cáncer masónico que hace estragos dentro de la Iglesia en nuestro tiempo. En particular, llama mucho la atención el cometario que hace de la necesidad de poner sobre aviso, incluso a los niños que se preparan para lo comunión, de los peligros de la masonería. También alude a que se están adueñando de todas las naciones y apuntilla que no de la Iglesia. Dice lo siguiente:
Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos, para que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos de la perversidad de estas sociedades, y que aprendan pronto a precaverse de las fraudulentas y variadas artimañas que suelen emplear sus propagadores para enredar a los hombres. No harían mal los que preparan a los niños para recibir la primera comunión si les aconsejan que hagan el firme propósito de no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres o sin consultarlo previamente con su confesor o con su párroco. Por esto, en el espacio de siglo y medio la masonería ha alcanzado rápidamente un crecimiento superior a todo lo que se podía esperar, e infiltrándose de una manera audaz y dolosa en todos los órdenes del Estado, ha comenzado a tener tanto poder, que casi parece haberse convertido en dueña de los Estados. A este tan rápido y terrible progreso se ha seguido sobre la Iglesia, sobre el poder de los príncipes y sobre la misma salud pública la ruina prevista ya mucho antes por nuestros antecesores.
Porque hemos llegado a tal situación, que con razón debemos temer grandemente por el futuro, no ciertamente por el futuro de la Iglesia, cuyo fundamento es demasiado firme para que pueda ser socavado por el solo esfuerzo humano, sino por el futuro de aquellas naciones en las que ha logrado una influencia excesiva la secta de que hablamos u otras semejantes que están unidas a ella como satélites auxiliares.
Hemos remarcado el último párrafo porque obviamente, en última instancia, la Iglesia, al ser una creación del mismo Cristo, no será vencida. Pero parece que el Papa en el momento que escribía esta encíclica, no había asumido o no podía prever el nivel de infiltración que la secta iba a tener dentro de la misma y el daño que causaría en el futuro, que es el momento actual. La prueba de esta sospecha la encontramos en el cambio de actitud que adoptó el papa tras una visión que tuvo sobre este particular y la oración tan famosa que mandó introducir al final de las misas. León XIII escribe la encíclica en abril de 1884, y el 13 de octubre del mismo año tuvo la famosa visión después de celebrar la Eucaristía en la capilla privada del Vaticano. Según los relatos, el Papa había visto a Nuestro Señor hablando con Satanás —como la Sagrada Escritura nos recuerda otra conversación semejante a propósito de Job—, y en el curso de ella el demonio se jactó de que tenía medio destruida a su Iglesia, y que si tuviese más libertad la destruiría por completo. Entonces el Señor le preguntó que cuánto tiempo necesitaba para destruirla, y Satanás le contestó que cincuenta o sesenta años le bastaban. Dios le concedió ese plazo, pero le dijo que después se verían. De la oración que confeccionó se desprende el cambio de pensamiento que se operó en él, con respecto a la anterior declaración que citamos de su encíclica Humanum Genus. Así dice la oración original:
ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo «contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires» (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan «alto precio rescatados» (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. «Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y Satanás, el seductor de todo el mundo: fue precipitado a la tierra y con él cayeron sus ángeles» (Apoc. 12,.8-9). He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de «ángel de luz» (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades. Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es mis queridos. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la dominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria. La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc.20). Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor. He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
Como podemos observar, León XIII quedó bastante turbado para escribir tan demoledora oración. Desde 1886 hasta 1964 la oración a San Miguel se rezaba de forma obligatoria al final de cada misa en la Iglesia Católica. En 1964, como parte de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la oración a San Miguel fue suprimida de la liturgia oficial de la Misa. El Papa Pablo VI retiró esta y otras oraciones que se recitaban al inicio y final de la misa en la nueva liturgia postconciliar. Es posible que algunos liturgistas de la época no creyeran tanto en el poder que podía ejercer Satanás sobre la humanidad y la Iglesia. Esto pudo haber influido en la decisión de considerar la oración como menos necesaria o relevante para la liturgia oficial.
La reforma buscaba simplificar y agilizar el rito de la misa, eliminando elementos que se consideraban añadidos a lo largo del tiempo y no esenciales para la celebración eucarística central. A pesar de su eliminación de la liturgia oficial, la oración a San Miguel Arcángel sigue siendo muy conocida y utilizada por los fieles católicos. Varios papas posteriores han motivado a los católicos a seguir rezándola de forma privada, reconociendo su valor espiritual en la lucha contra el mal.
No obstante, hay que señalar que Annibale Bugnini tuvo una responsabilidad significativa en la reforma litúrgica que llevó a dejar de rezar la oración a San Miguel al final de las misas: Bugnini fue el secretario del Consilium, la comisión encargada de implementar la reforma litúrgica después del Concilio Vaticano II. Como tal, tuvo un papel central en la preparación de los documentos de la reforma. Tenía una clara intención reformadora. Bugnini expresó su deseo de «rejuvenecer la liturgia», “liberándola” de las superestructuras que a lo largo de los siglos la han “sobrecargado» pesadamente. Esto sugiere que veía elementos como la oración a San Miguel como «superestructuras» innecesarias. Gozaba de la confianza del Papa Pablo VI, quien lo nombró personalmente como secretario del Consilium y le dio amplias competencias. Esto le permitió influir en las decisiones tomadas. No olvidemos que, cuando fue descubierto, fue acusado de masón y desterrado a Irán.
Anibal Bugnini tuvo un papel fundamental en la redacción de la Instrucción Inter Oecumenici, que fue publicada el 26 de septiembre de 1964 como secretario del Consilium para la aplicación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia. Fue esta constitución*, la que estableció la supresión de las «preces leoninas», incluida la oración a San Miguel Arcángel.
Bueno, el asunto de la infiltración masónica en la Iglesia daría para mucho más. Todas las novedades que estamos viendo en estos últimos tiempos tienen mucho que ver con esa infiltración, que poco a poco como una manzana podrida en un cesto ha ido contaminando la Barca de Pedro. Unos, fueron fruta podrida de fuera que consiguieron subir a la barca. Otros, fueron gente de buena fe, que fueron contagiados de cierta materia putrefacta de los anteriores, ya que la podredumbre se instaló en sitios claves como los seminarios. Otros se dieron cuenta de esta amenaza putrefacta y luchan cada día por advertir al resto del cesto. Podríamos establecer cinco tipos de clero a día de hoy, que pasaremos a analizar de manera somera. Este estudio sobre los tipos de clero lo ha llevado a cabo un señor llamado César, que tiene un canal en YouTube llamado «César para Jesucristo». No puedo estar más de acuerdo con el análisis que hace sobre este asunto, y por eso lo plasmare en este último artículo. La intención de clasificar a estos tipos de cleros es reconocer en cada momento a quién tenemos delante, y de esa manera tomar las medidas oportunas. Ya sea para fiarse poco, mucho o nada de los pastores que nos guían. Y así reconocer quién merece la confianza y quién no. También es importante advertir de lo que se está haciendo mal a aquellos sacerdotes que no estén transmitiendo la doctrina de manera coherente. Sobre esta cuestión tenemos que decir lo siguiente:
Colaboración entre laicos y sacerdotes
La Iglesia enfatiza la importancia de la colaboración orgánica entre laicos y sacerdotes:
Benedicto XVI advirtió sobre la necesidad de «evitar la secularización de los sacerdotes y la clericalización de los laicos».
Cada uno debe ser consciente de su vocación y misión específica en la Iglesia y en el mundo.
Corrección fraterna
En cuanto a la corrección de un sacerdote errado:
La doctrina reconoce la posibilidad de que los fieles laicos puedan y deban, en ciertas circunstancias, manifestar su opinión sobre asuntos concernientes al bien de la Iglesia.
Sin embargo, esto debe hacerse con respeto, caridad y prudencia, reconociendo la autoridad propia del sacerdocio ministerial.
No se trata de una «obligación» en sentido estricto, sino más bien de una responsabilidad que surge del compromiso bautismal y del amor a la Iglesia.
Si bien los laicos tienen el derecho y, en ciertos casos, el deber de manifestar sus preocupaciones, incluso en relación con posibles errores de los sacerdotes, esto debe hacerse:
Con un espíritu de comunión eclesial.
Respetando la jerarquía y la autoridad propia del sacerdocio ministerial.
Buscando siempre el bien de la Iglesia y la fidelidad a la doctrina.
En última instancia, la corrección fraterna debe realizarse con caridad, prudencia y respeto mutuo, reconociendo tanto la dignidad del sacerdocio como la responsabilidad de todos los fieles en la vida de la Iglesia.
Pero vayamos al tema de los tipos de clero.
Un sembrador salió a sembrar. Al sembrar, algunas semillas cayeron junto al camino, y las aves vinieron y se las comieron. En pedregales, donde brotaron rápido por la poca profundidad del suelo, pero se secaron al salir el sol por falta de raíz. Entre espinos, que crecieron y las ahogaron. En buena tierra, donde dieron fruto, algunas cien, otras sesenta y otras treinta. En Lucas 3-17, podemos leer: Él está listo para separar el trigo de la paja con su rastrillo. Luego limpiará la zona donde se trilla y juntará el trigo en su granero, pero quemará la paja en un fuego interminable. Obsérvese que habla de cuatro tipos de siembra. En este ejemplo, está basado este análisis de los cuatro tipos de clero, aunque también se puede aplicar a todo el mundo, pero para el caso que nos ocupa y a tenor de la trayectoria que traemos explicando la infiltración masónica en la Iglesia, lo aplicaremos al clero. Al final, nosotros hablaremos de un quinto clero.
Aunque la paja y la cizaña son dos conceptos diferentes en las parábolas bíblicas, ambos se utilizan como metáforas para representar a aquellos que no son considerados parte del «trigo» o los verdaderos seguidores de Cristo. En el contexto de Mateo 3:12, la paja representa lo siguiente:
-Los impenitentes: Aquellos que han escuchado el mensaje del arrepentimiento pero no han respondido a él.
-Los incrédulos: Personas que rechazan el mensaje de Cristo y no creen en Él.
-Los que no producen fruto: Individuos que pueden profesar fe, pero cuyas vidas no reflejan un verdadero cambio o compromiso con las enseñanzas de Cristo.
-Los hipócritas religiosos: Juan el Bautista se dirigía específicamente a los fariseos y saduceos, advirtiendo contra la falsa seguridad basada en la herencia religiosa o el cumplimiento externo de rituales.
-Los que serán juzgados: La paja representa a aquellos que enfrentarán el juicio divino, simbolizado por el «fuego inextinguible».
Pongamos la atención en que Jesús es el buen sembrador que siembra la semilla, y que el diablo es el que siembra la cizaña. Pero la paja saldrá del trigo que siembra Jesús. Podemos reducir el asunto de la paja a dos cuestiones. Por un lado, la paja es todo aquello que todos tenemos dentro que es negativo, y el trigo todo aquello que tenemos dentro que es positivo. Pero también podemos verlo como todo aquel que estando dentro de la Iglesia en realidad no pertenece a ella. La Iglesia es de Cristo, dentro de esa Iglesia están todos los católicos, pero no todos los católicos son verdaderamente católicos, ya sea de manera culpable o de manera ignorante. La paja es el católico que está instalado en el pecado. Proverbios 24:16 dice: Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal.
Todos pecamos, todos caemos, pero la paja es aquello o aquel que se ha alojado en el pecado y no lo tiene por malo. El pecador que mantiene la Fe, se duele, lucha, cae, se levanta, se esfuerza. Ese católico es trigo que intenta luchar todos los días por alcanzar la santidad. Pero la paja no, la paja se conforma, busca quien confirme sus desvaríos, justifica todo y todo le parece bien. El trigo cada vez se duele más de cosas que anteriormente no castigaban su conciencia. La paja es al contrario, cada vez se vuelve más laxa, más condescendiente con el mal, termina justificándolo todo. Como comentamos anteriormente, esto es aplicable a todos nosotros, todos nos podemos encuadrar en alguna de esos cuatro grupos a lo largo de nuestra vida o encasillarnos en alguno de ellos. Pues con respecto al clero, pasa lo mismo. Pasemos a verlos uno por uno.
1º LOS IMPOSTORES
No son católicos, son infiltrados. Básicamente, son de los que veníamos hablando en este extenso artículo o, más bien, ensayo. Llevan a cabo un plan, como hemos evidenciado anteriormente, y ya el Catecismo nos avisa de ello:
675-Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24,12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad.
Los impostores son falsos doctores, falsos maestros, falsos profetas, falsos apóstoles, etc. Su intención es demoler, confundir, dividir e introducir herejías. Son infiltrados que utilizan la falsa obediencia legitimando ataques contra la Iglesia.
2º MALFORMADOS O DEFORMADOS
No son infiltrados, son creyentes. Son personas que tienen vocación, pero que han tenido la mala experiencia de toparse con infiltrados o con otros que también fueron mal formados. Los infiltrados los confunden de manera muy sutil. La intención de estos deformados fue buena, no fue demoler la Iglesia, pero fueron víctimas de los deformadores. Fueron presas y pueden ocasionar más víctimas por no saber que lo son. Defienden algunas verdades y también algunas herejías. ¿Fueron engañados o se dejaron engañar? Eso solo lo sabe Dios.
Como curiosidad, tenemos que decir que Benedicto XVI en sus primeros años como teólogo estuvo influenciado por algunas corrientes modernistas. Durante su formación en la década de 1950 y 1960 fue parte del ambiente intelectual que buscaba una renovación dentro de la Iglesia, alineándose con ciertas ideas que cuestionaban aspectos tradicionales de la fe. Esto se reflejó en su apertura a nuevas interpretaciones bíblicas y a un diálogo más amplio con la cultura contemporánea.
Sin embargo, a medida que avanzó en su carrera, especialmente después del Concilio Vaticano II (1962-1965), Ratzinger comenzó a criticar ciertos aspectos del modernismo. En su papel como teólogo y luego como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se opuso a interpretaciones que consideraba excesivamente liberales o que socavaban los fundamentos de la fe católica. En este sentido, se distanció de algunas corrientes que buscaban adaptar el cristianismo a las tendencias secularizadoras de la modernidad sin una adecuada fidelidad a la tradición. Durante su papado (2005-2013), Benedicto XVI enfatizó la importancia de la tradición y el magisterio de la Iglesia. Su enfoque se centró en una interpretación más conservadora del modernismo, defendiendo que cualquier adaptación a la modernidad debía hacerse desde una base sólida en las enseñanzas tradicionales del cristianismo. Promovió un retorno a las raíces del cristianismo y a una comprensión más profunda de los dogmas. La trayectoria teológica de Benedicto XVI muestra una evolución significativa desde sus primeras influencias modernistas hasta una posición más crítica y conservadora respecto al modernismo. Esto demuestra la gran influencia que ciertos sectores oscuros tienen dentro de la Iglesia. Pero gracias a Dios este gran hombre supo reaccionar y convertirse en un gran teólogo conservador.
Conservador puede definirse en su grado más positivo como una filosofía o enfoque que busca preservar y proteger los valores, tradiciones y estructuras sociales que han demostrado ser beneficiosos a lo largo del tiempo, máxime cuando se aplica a la doctrina católica, ya que como sabemos o deberíamos saber, se cerró con San Juan, y lo que era pecado entonces lo sigue siendo a día de hoy.
3º-BIEN FORMADOS EN DOCTRINA PERO NO EN ESCATOLOGÍA (NO ENTIENDEN LOS TIEMPOS EN LOS QUE ESTAMOS)
La escatología es una rama de la teología que se ocupa del estudio de las «últimas cosas» o realidades finales, tanto en el contexto individual como colectivo. Su etimología proviene del griego, donde «eschatos» significa «último» y «logos» se traduce como «estudio» o «discurso». Por lo tanto, la escatología se puede definir como el estudio de lo que sucede al final de la vida, así como los eventos que marcan el fin del mundo o de la Historia.
Incluye creencias sobre la muerte, el juicio, el Cielo y el Infierno, así como la segunda venida de Cristo y la resurrección de los muertos. Por cierto, podríamos preguntarnos desde cuándo no escuchamos un sermón sobre el Infierno. El que escribe, algún tiempo atrás, en una misa de difuntos, le pareció que el sacerdote estaba predicando que el Infierno no existía. Al preguntarle por este asunto al mismo, este contestó que solo había querido hacer un sermón amable. Se puede hacer un sermón amable, pero no a costa de expresar la idea de que el Infierno no existe. Es decir, en muchísimas ocasiones no solo no se habla del Infierno, sino que incluso se llega a predicar su no existencia.
La disminución de la predicación de ciertos temas en la actualidad, especialmente aquellos relacionados con la escatología y la moral desde los púlpitos, se puede atribuir a varios factores. La cultura contemporánea tiende a ser más secular y menos receptiva a temas que pueden parecer confrontativos o incómodos. Muchos predicadores optan por evitar estos temas para no alienar a los feligreses o atraer críticas. La presión por ser relevantes y accesibles ha llevado a una dilución del contenido doctrinal en favor de mensajes más agradables. Algunos religiosos pueden carecer de una formación teológica sólida que les permita abordar estos temas de manera efectiva. La predicación requiere un entendimiento profundo de las Escrituras y una capacidad para comunicar verdades complejas de forma clara y relevante. Sin esta preparación es más probable que los predicadores eviten temas difíciles. Algunos sacerdotes pueden optar por evitar estos temas para mantener la paz y la unidad entre los feligreses, lo que puede resultar en una falta de discusión sobre cuestiones esenciales de la fe. La llamada es a revalorizar la importancia de predicar toda la Palabra de Dios, incluyendo aquellos aspectos que pueden ser difíciles, pero que son fundamentales para una fe robusta y completa.
4º-BIEN FORMADOS EN DOCTRINA Y EN ESCATOLOGÍA, PERO NO SABEN QUÉ HACER
Entienden los tiempos en los que estamos, pero solo lo dicen en grupos de confianza. Defienden la sana doctrina e identifican las herejías. No son tibios, no quieren precipitarse, pero tampoco quedarse quietos y por eso no saben qué hacer (se puede entender, pues casi todos los que tenemos ojos en la cara nos encontramos en ese estado), quieren ser fieles, pero no saben cómo hacerlo porque normalmente están rodeados de tipos I, II y III. El más afortunado tiene al lado alguien de sus mismas características. Se enfrentan a muchos peligros (ser suspendidos, incluso ser excomulgados), y algunos ya cansados acaban actuando como el tipo anterior.
La falta de coherencia en las enseñanzas y acciones de la jerarquía puede llevar a la confusión entre los fieles. Un sacerdote que tiene una comprensión clara de la escatología y de las enseñanzas tradicionales puede sentirse desilusionado al ver que ciertos líderes eclesiásticos adoptan posturas que parecen contradecir la doctrina católica. Esto puede generar un conflicto interno sobre cómo presentar la fe a sus comunidades. La predicación se convierte en un acto complicado cuando hay discrepancias entre lo que se enseña desde el púlpito y lo que se observa en la práctica pastoral. Un sacerdote comprometido con una sólida formación escatológica podría tener dificultades para abordar temas difíciles o controversiales sin parecer desactualizado o fuera de sintonía con el enfoque contemporáneo. A pesar de estos obstáculos, su compromiso con la verdad doctrinal es crucial para guiar a sus comunidades hacia una comprensión más profunda de su fe. Merecen todo respeto, cariño y hay que apoyarlos al máximo. Rezar mucho por ellos y mucho más por los tipos anteriores.
5º– SON CATÓLICOS COHERENTES
Son fieles a la doctrina y muy formados, aman la verdad y lucharan por ella hasta las últimas consecuencias. Se podría decir que, a día de hoy, están en las catacumbas. Aman la verdad más que a sus propias vidas y comodidades. Es verdad que bajo este pontificado se han tomado medidas disciplinarias contra algunos clérigos que han expresado críticas abiertas, algo que no ocurrió con la misma intensidad en papados anteriores. Figuras como el cardenal Raymond Leo Burke y el obispo Joseph Strickland han enfrentado consecuencias por sus posturas críticas hacia las reformas y enfoques de este nuevo papado. Es cierto que muchos de estos críticos han intentado comunicarse directamente con el Papa sin obtener la respuesta deseada, lo que ha llevado a algunos a expresar sus preocupaciones públicamente, ya que anteriormente habían agotado todos los pasos que exigen la caridad evangélica. La amonestación dentro de la doctrina católica es un acto pastoral que busca el bien del hermano que ha pecado y la integridad de la comunidad. Se fundamenta en el amor y el deseo de restaurar al pecador, siguiendo siempre las enseñanzas de Cristo sobre cómo tratar con aquellos que han caído en error. Pero la situación actual ha llegado a unos límites, que estos hombres han tenido que llegar hasta las últimas consecuencias.
La Iglesia Católica ha mantenido históricamente que la verdad y la unidad no deberían estar en conflicto, ya que ambas son fundamentales para su misión. La doctrina católica sostiene que la Iglesia es «una, santa, católica y apostólica». Sin embargo, la situación actual revela una tensión entre la búsqueda de la unidad y la defensa de la verdad doctrinal. Priorizar la unidad a expensas de lo que algunos consideran verdad doctrinal podría llevar a:
- Diluir principios fundamentales de la fe.
- Crear una apariencia de consenso que no refleja la realidad.
- Alienar a aquellos que se sienten comprometidos con la Tradición.
- Riesgos de priorizar la «verdad» individual.
Una «unidad a costa de la verdad» sería problemática desde la perspectiva de la doctrina católica tradicional. La revelación se cerró con Juan, está toda sobre la mesa, solo hay que analizarla para descubrirla, pues la verdad no se decide por mayoría de votos, como parece ser que se está haciendo en el “Sínodo de la Sinodalidad”. Por cierto, concepto este último que no aparece ni en la RAE.
Todos conocemos los nombres de estos buenos sacerdotes, y aunque alguno se haya excedido en algún que otro comentario, tenemos que mirar el fondo de la cuestión que defienden porque el momento que atravesamos es de máxima gravedad en materia doctrinal. Son personas que hablan de la verdad doctrinal en línea con la Tradición y con todo el depósito de la Fe de los papas anteriores hasta el día de hoy, y que han visto una disrupción entre todo lo anterior y lo actual. Y lo han visto porque existe, es real y se está llevando a cabo.
El esquema que hemos explicado sobre los tipos de clero, en realidad también se puede aplicar a los laicos. Si la responsabilidad de los sacerdotes y demás jerarquía para frenar toda esta confusión es primordial, la de los laicos no es baladí. La necesidad de que los laicos se formen en la verdadera doctrina católica es cada vez más evidente, especialmente ante los recientes ataques que la Iglesia está recibiendo desde dentro y desde fuera. La formación adecuada permite a los laicos comprender y defender los principios fundamentales de su fe. En un contexto donde se difunden interpretaciones erróneas es crucial que los fieles estén equipados con el conocimiento necesario para responder a estas controversias.
El Catecismo de la Iglesia Católica ocupa un lugar central en la formación de los laicos, proporcionando un marco doctrinal sólido que les permite entender y vivir su fe de manera auténtica y comprometida. La Iglesia ha sido durante siglos el corazón de la comunidad. Sin embargo, en tiempos recientes, un extraño objeto ha llegado a su interior: un caballo de Troya, símbolo de engaño y traición. Este caballo, en apariencia un hermoso altar decorado, oculta peligros internos que amenazan la fe de los feligreses y también atrae a enemigos externos que buscan aprovecharse de la confusión.
Los católicos deben reforzar su conocimiento de la doctrina tradicional. Esto puede lograrse mediante el estudio de las enseñanzas del Catecismo de la Iglesia Católica y la participación en grupos de formación teológica. Organizar sesiones de catequesis donde se discutan las verdades fundamentales de la fe puede ayudar a los fieles a discernir el error. Se requiere un compromiso renovado con la práctica sacramental y la oración. Al fortalecer la vida espiritual mediante la Eucaristía, la confesión, la adoración eucarística, las oraciones comunitarias e invocaciones personales a Cristo, los católicos pueden protegerse tanto de los peligros internos como externos. La clave está en mantener una conexión constante con Dios, quien es el verdadero dueño de la Iglesia, buscando siempre su guía y apoyo en momentos de crisis.
En tiempos donde se presentan amenazas tanto internas como externas es esencial que los católicos fortalezcan su vida espiritual a través de una práctica religiosa activa y una formación sólida en su fe. Siguiendo el llamado de San Juan Pablo II, deben buscar el equilibrio entre fe y razón, entendiendo que ambas son necesarias para alcanzar una comprensión más profunda de la verdad. Este enfoque no solo les permitirá enfrentar los desafíos actuales, sino también vivir su fe de manera plena y auténtica, siendo testigos del amor y la verdad de Cristo en el mundo. Y, por último, aconsejamos rescatar la oración al Arcángel San Miguel. Esta oración surge de una experiencia visionaria del Papa, quien, tras una misa, presenció un diálogo entre Dios y Satanás, donde este último afirmaba que podía destruir la Iglesia si se le concedía tiempo y poder.
La guerra entre la Virgen María y Satanás es un símbolo poderoso de la lucha entre el bien y el mal en los últimos tiempos. La figura de María no solo representa esperanza y protección, sino también un llamado a los fieles para mantenerse firmes en su fe frente a las adversidades. Su papel como mediadora y guerrera espiritual resuena profundamente en el contexto actual, donde muchos buscan guía y fortaleza ante los desafíos contemporáneos. El Rosario tiene una importancia crucial en los últimos tiempos bíblicos como una herramienta de combate espiritual, intercesión mariana y medio para alcanzar paz y conversión. Su práctica no solo ayuda a los individuos a enfrentar sus luchas personales, sino que también tiene un impacto colectivo en la historia y espiritualidad de la Iglesia. La devoción al Rosario es vista como un refugio seguro en tiempos de tribulación, guiando a los creyentes hacia una relación más profunda con Dios a través de María. La figura de María no solo representa un vínculo maternal con Cristo, sino que también simboliza el amor y cuidado que la Iglesia debe tener hacia sus miembros. Su presencia asegura que donde esté María, también esté el espíritu de la verdadera Iglesia, guiando a los fieles hacia una relación más profunda con Cristo. Y María se encuentra en la Iglesia Católica. Por eso es tan odiada por la masonería y por todos los enemigos de Dios. PERO LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN CONTRA ELLA. Aunque le hagan mucho daño. «Prevalecer» puede indicar que alguien tiene el control o la autoridad en un período específico, pero eso va cambiar con el tiempo. Tenemos la promesa de Cristo.
Es fundamental recordar que, por encima de cualquier influencia externa, la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo, guiada por su doctrina y su misión divina. Se ha señalado que algunos miembros de la Iglesia han estado involucrados en actividades masónicas, lo que ha llevado a cuestionamientos sobre su lealtad a los principios cristianos.
Esta infiltración puede manifestarse en cambios en las prácticas litúrgicas o en la aceptación de doctrinas que no son coherentes con el cristianismo. Las escrituras ya nos avisan de todo esto, luego quiere decir que es necesario que, de la misma manera que Jesucristo pasó por la Cruz, también la Iglesia tenga su pasión.
1. Mateo 7:15-20
Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestiduras de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán.
2. Gálatas 1:6-9
Estoy maravillado de que tan pronto me haya dejado el que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
3. 1 Juan 4:1
Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.
4. Hechos 20:29-30
Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces que no perdonarán al rebaño; y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos.
5. Romanos 16:17-18
Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido; y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres; y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.
6. 1 Timoteo 4:1
Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.
7. 2 Pedro 2:1-3
Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y negarán al Señor que los rescató; atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.
Estos versículos enfatizan la necesidad de estar alerta ante las influencias externas y las enseñanzas erróneas dentro de la comunidad católica. Aunque no mencionan específicamente a la masonería, proporcionan un marco para entender cómo se deben abordar las infiltraciones ideológicas o doctrinales en la Iglesia. Pero no les quepa la menor duda de que la masonería y sus jefes ocultos tienen mucho que ver con todo este asunto.
SAN MAXIMILIANO KOLBE
Ya para terminar este capítulo final, hablaremos de San Maximiliano Kolbe y la consagración al Inmaculado Corazón de María. Este santo, a nuestro modo de ver es, un santo que da algunas claves para afrontar estos últimos tiempos de manera práctica. Para el que escribe, reúne dos condiciones fundamentales para afrontar de manera equilibrada todo lo que está por venir. Por un lado, es un santo que promovió la caridad con sus semejantes, hasta el punto de que se cambió por un condenado a muerte.
Ofreció su vida a cambio de la de Franciszek Gajowniczek en el campo de concentración de Auschwitz en 1941. Durante el verano de ese año un preso se fugó del campo, y como represalia los nazis condenaron a diez hombres a morir de hambre. Entre los seleccionados estaba Gajowniczek, un sargento polaco de 40 años y padre de familia.
Al escuchar el llanto de Gajowniczek por su familia, Kolbe, de 47 años, dio un paso al frente y se ofreció a tomar su lugar. El coronel nazi Karl Fritzsch aceptó el intercambio. Kolbe fue encerrado junto con los otros nueve condenados en un búnker subterráneo el 31 de julio. Durante su encierro, Kolbe guio a los prisioneros en oraciones y cánticos. Después de dos semanas sin agua ni comida, Kolbe y otros tres prisioneros aún seguían con vida. Finalmente, el 14 de agosto de 1941, los guardias mataron a Kolbe con una inyección de fenol. Y por otro lado, también fue crítico y contundente denunciando a la masonería y a quienes se esconden tras ella y la dirigen. Tuvo mano derecha y mano izquierda. Por eso nos parece un santo que supo discernir entre caridad y justicia sin escorarse en ninguno de los dos extremos.
En un artículo suyo titulado «¡Pobrecillos!», que entresacamos de la publicación El Español Digital, escribía:
El hombre ha sido redimido. Cristo ha fundado su Iglesia sobre la roca. Una parte del pueblo hebreo reconoció en Él al Mesías; los otros, sobre todo los fariseos soberbios, no quisieron reconocerlo, persiguieron a sus seguidores y dieron curso a un gran número de leyes que obligaban a los hebreos a perseguir a los cristianos. Estas leyes, junto a narraciones y a apéndices, hacia el año 500, formaron un libro sagrado, el «Talmud«. En este libro, los cristianos son llamados: idólatras, peores que los turcos, homicidas, libertinos impuros, estiércol, animales de forma humana, peores que los animales, hijos del diablo, etc. Los sacerdotes son llamados adivinos y cabezas peladas (…) a la Iglesia se la llama casa de estulticia y suciedad. Las imágenes sagradas, las medallas, los rosarios, son llamados ídolos. En el «Talmud», los domingos y las fiestas son considerados días de perdición. En este libro se enseña, entre otras cosas, que a un hebreo le está permitido engañar y robar a un cristiano, pues todos los bienes de los cristianos – está escrito – «son como el desierto: el primero que los toma se hace dueño». Esta obra que recoge doce volúmenes y que respira odio contra Cristo y los cristianos, es considerada por estos fariseos un libro sagrado, más importante que la Sagrada Escritura».
Escribió también el Santo:
El protocolo número 11 afirma: «Crearemos y pondremos en vigencia las leyes y los gobiernos (…) y, en el momento oportuno, (…) bajo la forma de una revuelta nacional, (…) Es necesario que las poblaciones, desconcertadas por la revuelta, puestas todavía bajo la influencia del terror y de la incertidumbre, comprendan que somos de tal modo intocables, de tal modo llenos de poder que en ningún caso tendremos en cuenta sus opiniones y sus deseos sino, antes bien, que estamos en grado de aplastar sus manifestaciones en cualquier momento y en cualquier lugar (…) Entonces, por temor, cerrarán los ojos y permanecerán a la espera de las consecuencias (…) ¿Con qué objeto hemos ideado e impuesto a los masones toda esta política, sin darles a ellos la posibilidad de examinar el contenido? Esto ha servido de fundamento para nuestra organización masónica secreta (…) cuya existencia ni siquiera sospechan estas bestias engatusadas por nosotros en las logias masónicas.
Y remataba con esta contundencia dirigiéndose a los masones:
¿Habéis oído, señores masones? Los que os han organizado y secretamente os dirigen, los hebreos, os consideran bestias, reclutadas en las logias masónicas para fines que vosotros ni siquiera sospecháis (…) Pero ¿sabéis, señores masones, qué es lo que os espera el día en que os venga a la mente comenzar a pensar por vosotros solos? He aquí, escuchad el mismo protocolo: «La muerte es inevitable conclusión de toda vida (…) Ajusticiaremos a los masones de tal manera que ninguno (…) podrá sospechar, ni siquiera las mismas víctimas: morirán todos en el momento que sea necesario, aparentemente a causa de enfermedades comunes (…)».
Y continúa el Santo:
«Señores masones, vosotros que, recientemente, durante el Congreso de Bucarest, os habéis alegrado del hecho de que la Masonería se está fortaleciendo por doquier, reflexionad y decid sinceramente: ¿no es mejor servir al Creador en la paz interior (…), antes que obedecer las órdenes de quien os odia?».
Y ya para concluir, se dirige a los que él entiende que son los que comandan la masonería:
Ya vosotros, pequeño escuadrón de hebreos, «Sabios de Sión», que habéis provocado ya conscientemente tantas desgracias y todavía seguís preparando otras, a vosotros me dirijo con la pregunta: ¿qué ventaja obtenéis? (…) Gran cúmulo de oro, de placeres, de diversiones, de poder: nada de todo esto vuelve feliz al hombre. Y si aun esto diera la felicidad, ¿cuánto podría durar? tal vez una decena de años, quizás veinte (…) Y vosotros, jefes hebreos, que os habéis dejado seducir por Satanás, el enemigo de la humanidad, ¿no sería mejor si también vosotros os volviereis sinceramente a Dios?«.
En los «últimos tiempos», la escatología católica aborda la batalla entre la Virgen María y el demonio como un enfrentamiento espiritual significativo, destacando el papel crucial de María en esta lucha. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, María es considerada el «ícono escatológico» de la Iglesia. Esto significa que representa lo que la Iglesia está llamada a ser en la tierra y lo que llegará a ser en el cielo. En las visiones apocalípticas se describe a una mujer vestida de sol, identificada tanto con María como con la Iglesia, simbolizando su papel protector y su victoria final sobre el mal.
El rezo del Rosario es visto como una poderosa arma espiritual revelada por la Virgen a Santo Domingo de Guzmán. Es una herramienta clave para ganar almas y defenderse contra los enemigos de la fe, internos y externos.
Consagración a María: Se recomienda que las personas se consagren a María para obtener su protección en esta lucha espiritual. Esta consagración simboliza refugiarse bajo su manto protector. ¿Cuál es el momento adecuado para llevar a cabo dicha consagración?… ¡¡AHORA!!
FIN




