Covid-19: La Prostitución de la Democracia en Argentina

La famosa pandemia del coronavirus sacó a la luz la degradación que corroe a la democracia argentina. La política convertida en negocio personal y servidumbre neocolonial.
Publicado en junio 26, 2020, 11:36 am
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En su sentido etimológico, la demo-cracia es un sistema de poder soberano (kratós) basado en la representación territorial (el demos). En la Grecia antigua fue pensada como una forma de gobernar en la que estuvieran representados todos los miembros de la comunidad, y así superar el poder sustentado en la representación dinástica o en la fuerza material.

Así pensada originalmente, la democracia no es un sistema de valores, sino una forma de organización de gobierno. Se sustenta en valores espirituales, culturales y religiosos que constituyen la base-fundamento de la vida del pueblo (el laós), al que se convoca en asamblea (ekklesia) cuando se deben debatir cuestiones extraordinarias de gobierno. Quien gobierna y decide es el pueblo, los responsables de gobernar son funcionarios, son los que hacen que “las cosas funcionen”

En otras palabras: el sistema “democrático” supone o se basa en la cultura o sistema de valores que vive cotidianamente una comunidad, el pueblo, quien es el verdadero sujeto de la vida política.

La famosa definición de Abraham Lincoln –“la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” – expresa modernamente la concepción griega originaria de la democracia.

Desde 1983 el sistema político vigente es la democracia, en el sentido de sistema de gobierno, estructurado con la división tripartita de poderes -Ejecutivo, Judicial y Legislativo-, típico de la república liberal moderna surgida en Europa a fines del siglo XVIII.

Desde esa fecha ha habido distintas experiencias gubernamentales, pero la democracia argentina invocada no ha permitido la participación del pueblo, pues éste sólo se ha visto representado, pero no ha sido el sujeto activo, ni tampoco su realización colectiva ha sido el objetivo final de los distintos gobiernos, sino la perpetuación “en el poder” de los representantes.

En este contexto, la Política ha dejado de ser servicio al pueblo para convertirse en ámbito de enriquecimiento personal y familiar, en un bien de familia; ámbito de acumulación incesante de poder, político y crematístico.

En líneas generales, no se ha dejado gobernar al Pueblo, tampoco se le ha permitido gobernar, sino sólo acompañar como sujeto pasivo receptor de beneficios. Para ello, tanto desde el liberalismo político como de la social democracia progresista se pretendió impostar concepciones políticas extrañas y ajenas, sin arraigo en la memoria histórica y la cultura del Pueblo argentino.

Así, la democracia argentina post 1983 ha servido para que la gran mayoría de los dirigentes participantes, salvo honrosas excepciones, mejoraran su nivel de vida en forma ostensible y muchas veces inexplicables, viviendo en mansiones lujosas y con varias propiedades inmuebles acumuladas. Mientras que la gran mayoría de la población ha padecido un deterioro paulatino e incesante de su nivel de vida, llegando a ser más pobres que antes.

La “pandemia” del coronavirus ha puesto en evidencia el deterioro de la calidad de vida del conjunto de la población argentina. Sacó a la luz que en Argentina hay actualmente 4.000 “asentamientos”, antes llamados “villas miserias”, porque antes y ahora sus pobladores viven en la miseria absoluta, muchas veces en tierras contaminadas, sin servicios cloacales ni sanitarios, en casas de chapas y cartón, con servicios de luz clandestinos, en terrenos inundables, etc.

Lo que pone en evidencia la pandemia es que en Argentina no se ha invertido en salud, lo que corre peligro de colapsar es el sistema sanitario degradado y desinvertido, no la salud de la población, que padece enfermedades mucho más mortales sin ningún tipo de atención sanitaria.

La “democracia” mejoró la vida de los dirigentes, pero no ha impedido que se produjera el deterioro de la calidad de vida del pueblo “dirigido”. Muchos “políticos” se han convertido en una casta millonaria, prostituyendo la Política, en el sentido que se han servido de ésta, con lo cual la “han deshonrado o degradado, abusando con bajeza de ella para obtener un beneficio” (Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española).

En vez de ser “representado” por una casta millonaria, el Pueblo argentino deberá convertirse en artífice de su propio destino ser partícipe de la “Cosa Pública” (Res-Publica), llevando en la mente y en el corazón que “la Patria nos cubre de beneficios y es una madre más antigua que la que nos dio a luz y le debemos a ella más gratitud que a nuestros padres” y que ella “no nos dio la vida y la educación para no recibir apoyo de nosotros algún día, y únicamente sirviendo a nuestros propios intereses preparar un puerto seguro a nuestro descanso, sino para reservarse en su propio servicio la mayor parte y las más grandes facultades de nuestra alma, de nuestro entendimiento y de nuestra voluntad, y dejar a nuestras comodidades privadas solamente lo que a ella le sobra” (Marco Tulio Cicerón, sobre la República, Libro I).

Corresponsal de Argentina

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