LA INEFICACIA DE LAS VACUNAS Y EL USO DE ALUMINIO

Publicado en octubre 31, 2021, 4:15 pm
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La doctora Pamela Acker nos cuenta en su libro Vaccination, que muchas de las vacunas consideradas eficaces no lo son una vez que la data es confrontada. Un porcentaje de hasta el 10% del universo de vacunados se mantiene susceptible a las vacunas después de ser vacunados en forma constante, y varias son las teorías acerca del porqué. Este 10% es el responsable de que la inmunidad de rebaño total no exista en realidad, especialmente cuando se ha usado ese argumento para convencer a la población, aunque no significa necesariamente que ciertas vacunas contra algunas enfermedades, especialmente mortales, sean inválidas.

La otra variable es la forma de contagio. Por ejemplo, el sarampión es una enfermedad altamente contagiosa porque se disemina por el aire, al contrario de las enfermedades que se contagian por contacto, ya sea de la piel o por fluidos. Entonces, para que haya una inmunidad eficaz, o sea, que logre controlar un brote de sarampión por inmunidad de rebaño, se necesita que al menos el 95% de los individuos sean inmunes. Pero las vacunas del sarampión son probadamente eficaces solo en un 85%, y aunque la diferencia no parece mucho, en ciencia cada punto porcentual cuenta. Y la inmunidad de rebaño artificial o por vacunación nunca va a ser alcanzada con esta vacuna contra el sarampión, ahora en el mercado, por citar un ejemplo de cómo funciona la vacunación.

Mencionaré ahora el tema de la necesidad de ciertos químicos en las vacunas y que no tienen nada que ver con virus atenuados o muertos de la enfermedad. Uno de ellos es llamado “adjuvant”, el cual es un auxiliar que ayuda en el proceso de inmunización. En este caso voy a referirme al aluminio.  Desde 1916 se sabe que ciertas cantidades de aluminio son venenosas para el cuerpo, y en EE.UU. algunos estados de la Unión han prohibido su uso totalmente, usos que iban desde la comida, trastos y la industria farmacológica, aunque la absorción oral de aluminio no es tan perjudicial como la que se inyecta a través de las vacunas que también usan aluminio como auxiliar.

El CDC aceptó recientemente, después de varios juicios por falta de alerta de los efectos secundarios de las vacunas y de ocultamiento de información al público, e incluso la relación con el aumento de autismo en la población, que hay impactos negativos relacionados con la vacunación en poblaciones susceptibles a enfermedades de inmunodeficiencia. No todo lo que reluce es oro. La FDA también, en sus publicaciones, alerta que las dosis de aluminio en las vacunas no son seguras. Por ejemplo, los investigadores han encontrado altas cantidades de aluminio en los hígados de bebés que han sido vacunados y en los huesos de niños de un año, después de pasados seis meses de ser vacunados, con el agravante de que ese aluminio fue inyectado de una sola vez, causando un impacto aún más grande en el cuerpecito del infante, ya que no tiene capacidad de excretar esa cantidad de aluminio como un adulto lo hace.

En un recién nacido que recibe la vacuna por hepatitis B, por ejemplo, recibe con ella 250 gr. de aluminio, que es un montón si pensamos que el peso promedio de ese infante es de 3 kg., lo cual es una dosis 18 veces más alta de aluminio que la recomendada por la FDA como segura. Se tiene conocimiento de que el aluminio transmitido parentalmente se deposita en el tejido suave o blando (soft tissue), incluyendo el cerebro, y tarda en desaparecer después de los cien días del nacimiento. El hígado de un bebé no está desarrollado cuando nace y sigue desarrollándose durante el primer año de su vida, y su metabolismo de toxinas no llega a estar completo hasta que el niño entra en la edad escolar.

Resumiendo, el aluminio que es mineral y metal inyectado a través de vacunas no desaparece del cuerpo hasta 11 años más tarde. Por lo tanto, debemos preguntarnos si el régimen de vacunación que nos imponen desde chicos es realmente seguro y si en verdad responde al bienestar de la población o a intereses ajenos.

Corresponsal de Estados Unidos.

Corresponsal de Estados Unidos

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