¡TÚ, IMPORTAS!

Publicado en noviembre 14, 2021, 4:33 pm
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Recientemente he visto un artículo que se refiere a un robot, al que llaman Raborta, que circula en varias ciudades en México proveyendo la píldora del día después, o the afterday pill. Esta droga es una hormona que al tomarla después de una relación asegura que el bebé (si se creó uno) no quede implantado en el útero provocando su evacuación y por ende terminando con su vida. El propósito del video es informativo y al mismo tiempo un aviso de qué fantástica idea es esto, ya que en muchos estados mexicanos, donde el aborto todavía es ilegal, esta forma de llegar a las mujeres no contraría la ley.

Una de las imágenes en este “infomercial” me lleva a varias reflexiones: el robot que, como el aviso menciona, es “simpático”, se acerca a una jovencita y le dispensa la pastilla; la jovencita, que ya tiene convenientemente una botella de agua, la toma delante de la cámara y un aplauso se oye de fondo… Gente anónima que están vitoreando la muerte de un inocente como si fuera la mejor cosa del mundo que te puede pasar. How cool is that?

Ver estas actitudes y comportamientos en la sociedad me llevan a recordar la Historia que estudié en la escuela secundaria. Imágenes de sacrificios humanos en las culturas paganas o bárbaras para aplacar a sus dioses; y para mencionar un ejemplo, en México, ya que esto sucede actualmente en ese país (aunque difícil de imaginar, pues México fue siempre un bastión de piedad cristiana). En la construcción de Tenochtitlan, solamente, se sacrificaron mas de 70 000 personas, en su mayoría mujeres y niños. ¡Si! Los aztecas y mayas practicaban sacrificios humanos y probablemente esa fue una de las razones porque el cristianismo, siendo el Dios cristiano tan amoroso y justo, fue aceptado sin mayores problemas.

A estas alturas podemos ya decir que todos sabemos que la imposición del aborto en una sociedad no tiene absolutamente nada que ver con ningún derecho de ninguna mujer, pues las mujeres han sido usadas una vez más en una lucha que se libra en la trastienda. El aborto es un sacrificio humano, ni más ni menos, ¿y a quién están destinados estos 52 millones de abortos a nivel mundial desde Roe vs. Wade? Y eso, sin contar los genocidios de los bolcheviques y el comunismo (se calcula que una mujer rusa durante su vida tiene en promedio 8 abortos) o la regla de un hijo por familia de la China comunista y la obligación de abortar los demás niños. La respuesta es que están destinados al dios del mundo moderno, al que conocemos como el príncipe de este mundo y padre de todas las mentiras, como bien lo llamó Jesús Cristo.

Aunque tú no seas religioso o cristiano, el hecho es real: un aborto es un acto vil y sangriento y con muchas implicaciones. La ciencia ya ha determinado que un ser humano se forma desde la concepción, y con la nueva tecnología podemos ya ver cómo la formación y el aspecto de humano aparece desde las primeras semanas; es bastante asombroso, en realidad, ver todo esto en un video. La cámara también captura cómo en el momento de la unión del óvulo con el espermatozoide hay un destello de luz, así de maravillosa es la creación de un nuevo ser y por eso no nos cansamos de repetir que la vida es sagrada y un acto perfecto y maravilloso.

Y así deberíamos vivir, con esa creencia de que tú importas, de que existes con un propósito. En todo caso, lo que las mujeres tendrían que reclamar es el derecho a la vida de esos niños y que la sociedad los acoja, no que los mate, pero sabemos que todo en la sociedad moderna se reduce a los costos. Ya lo dijo el presidente argentino: “la gente eta viviendo mucho ahora y eso es costoso”, y que pocos se hayan sorprendido muestra el estado de la sociedad, y que nadie vea un aborto como un hecho despreciable y doloroso, también.

De que hemos perdido el rumbo, no hay duda; la pregunta es cómo lo recuperamos. La respuesta está en cada uno de nosotros cuando, especialmente, las mujeres se fortalezcan y empiecen a decir NO a estas opciones paupérrimas como la del aborto. Cuando juntos, hombres y mujeres, entiendan que no tienen que aceptar la cultura DESCARTABLE, ya que, si aceptamos el aborto a demanda, eso es lo que somos: DESCARTABLES. El aborto no es una solución, aunque lo parezca en primera instancia, es solo la punta del iceberg de un problema social más grande que es impuesto por los poderes mundiales con una agenda precisa en mente, la cual es principalmente la de disminuir la población mundial y adueñarse de los recursos de los países que, como en el caso de los países nuestros, es plena y abundante.

Ningún acto de violencia en contra de una vida humana puede ser el pilar de una sociedad sana. La vida empieza en la concepción, pero cada vida humana debería ser idealmente el producto de un acto de amor en una pareja, y por eso la recomendación en los EE.UU. siempre es la de respetar ese orden natural, casarse y después tener hijos. En realidad, en este país se recomiendan tres cosas para tener una buena vida, una vida sostenible: 1) terminar la escuela; 2) conseguir un trabajo y 3) casarse, y luego empezar una familia. Esa es una fórmula que siempre funciona, especialmente para los que han nacido con más desventajas.

El cambio está en cada uno de nosotros, pues si nosotros cambiamos la sociedad cambia, porque nosotros somos la sociedad. La sociedad no es un ente impersonal y anónimo. Si hay gente durmiendo en las calles somos todos responsables, lo mismo si hay niños pidiendo limosna a las 3 de la mañana o si las calles están sucias. Todos somos responsables y debemos adoptar conductas personales que tengan en cuenta el respeto al ser humano, el respeto a la vida y la búsqueda del orden y el bien común.

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