LA VERDAD DUELE, PERO LA MENTIRA MATA

Publicado en noviembre 22, 2021, 10:27 pm
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El pasado 29 de octubre, Joe Biden, tras sostener una reunión con el Papa Francisco, declaró que este le dijo que era “un buen católico” y que debía “seguir recibiendo la comunión”. Francisco y Biden se agarraron las manos en señal de amistad, según las imágenes proporcionadas por El Vaticano. Al día de hoy, Francisco ni ha desmentido la noticia ni tampoco la ha confirmado. Joe Biden visitó El Vaticano en medio de las críticas de que ha sido objeto por parte de los sectores más conservadores de la Iglesia católica estadounidense por su posición a favor del derecho al aborto.

La noticia no es ya ninguna novedad, pero sorprenden mucho las interpretaciones que ante este silencio del Papa han declarado algunos obispos. El Obispo de San Sebastián (España), Mons. José Ignacio Munilla, criticó duramente la declaración del presidente estadounidense Joe Biden. Declaró lo siguiente:

Estas increíbles declaraciones dejan al descubierto la catadura moral de quien es capaz de comprometer y manipular al Papa con la pretensión de lavar su conciencia manchada por la sangre de tantas vidas inocentes injustamente eliminadas.

Mons. Munilla interpreta que Joe Biden miente y que el Papa no ha podido decirle eso (o al menos eso es lo que se deduce de su comentario). Munilla tacha a Biden de manipulador y de tener la conciencia manchada de sangre inocente. Sorprendentes declaraciones, sin saber si el Papa lo ha dicho o no, ya que no se ha manifestado. O quizás sabe algo que no sabemos el resto, pero que también lo calla.

Por otro lado, el arzobispoCarlo Maria Viganó hace las siguientes declaraciones:

Causa consternación que a día de hoy no haya llegado ningún comentario de aclaración de la Sala de Prensa Vaticana. Da motivo para suponer que las palabras de Biden se ajustan a la verdad y Bergoglio dijo efectivamente eso.

En este caso, tenemos una reacción contrapuesta a la de Mons. Munilla por parte de Viganó. Este interpreta el silencio papal como motivador para creer que Biden no miente.

Desde que Francisco accedió al papado no deja de observarse un fenómeno un tanto curioso. Cada vez que surge una polémica en torno al Papa podríamos prever, de antemano, los prelados que van a opinar a su favor y los que lo harán en contra. Están quienes lo defienden a toda costa y los que no. Cierto es que uno de los rasgos del pontificado de Francisco está siendo la ambigüedad. Son muchas las ocasiones donde en lugar de aclarar conceptos, los enturbia, y eso ha dado lugar a que se origine esta división como si de un partido de fútbol se tratara.

En esta ocasión y con respecto a las declaraciones de Biden, El Vaticano ha optado por guardar silencio. El silencio es interpretado social y culturalmente como un signo inequívoco de que se está aceptando lo que el otro está diciendo. Pertenece al sistema que denominamos lenguaje verbal. El silencio, dice Unamuno, “a veces es la peor mentira”. El Papa Bonifacio VIII acuñó un clásico: “El que calla, otorga”, en tanto que Rubén Darío clasificó al silencio en otra dirección: “Quien calla está más seguro de acertar”.

También podríamos traer a colación el silencio de Cristo ante Pilato, en Mat. 27, 11:

Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices». Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada. Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?» Pero Él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.

De todas maneras, vemos que el Papa no mantiene la misma línea de silencio o prudencia con todos por igual, pues con Donald Trump fue implacable cuando manifestó:

Una persona que piensa solo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano. Sobre si aconsejaría votar o no votar, no me meto». Solo digo: este hombre no es cristiano.

Es muy curioso el silencio que mantiene el Papa con Biden, y las declaraciones que llegó a hacer con respecto a Trump, teniendo en cuenta que Trump está en contra de la práctica abortista, y Joe Biden a favor. También resulta impactante la frialdad con la que recibió a Trump y la afabilidad que le prodigó a Biden. Tampoco se entiende que el Papa haya frenado el intento de los obispos estadounidenses de excomulgar a Biden y la respuesta que da la Sede al episcopado de EE.UU.:

“Sería engañoso dar la impresión de que el aborto y la eutanasia constituyen por sí solos los únicos asuntos graves de la doctrina social católica que exigen el máximo nivel de responsabilidad por parte de los católicos”.

No cabe la menor duda de que Joe Biden procura el aborto de manera incuestionable. Así lo muestran estos titulares:

  1. El Gobierno de Biden aplicará una ley federal para proteger el aborto en Texas
  2. Biden acaba con el veto de Trump al aborto, que afectó a miles de mujeres en países pobres
  3. Biden promete defender el derecho al aborto frente a restrictiva ley de Texas
  4. El aborto, la fosa que separa a Trump y Biden en la campaña electoral
  5. EEUU. Otro obispo ‘excomulga’ a Joe Biden por declararse católico y promocionar el aborto

En cuanto a la frase: “Sería engañoso dar la impresión de que el aborto y la eutanasia constituyen por sí solos los únicos asuntos graves de la doctrina social católica”, no puede ser más sorprendente. Teniendo en cuenta que en el mundo se producen 56 millones de abortos al año y que esta cantidad, tan solo multiplicada por 10 años, son 560 millones de personas; decir que el aborto no es el único problema grave en el mundo es quitarle gravedad. El mayor genocidio de la historia de la humanidad no se merece esa interpretación. Y Joe Biden se merece una crítica mayor por parte del Vaticano y, como mínimo, la excomunión por ser cómplice del mayor genocidio perpetrado en la historia de la humanidad. No lo dice el que escribe, lo proclama el Catecismo de la Iglesia:

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. «Quien procura el aborto, si este se produce, incurre en excomunión latae sententiae» (CIC, can. 1398), es decir, «de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito» (CIC, can 1314) en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC, can. 1323–24). Con esto, la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia, lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

La fe se prueba en los malos tiempos, pero eso no significa que haya que comulgar con ruedas de molino. Dios escribe derecho con renglones torcidos, y como manifestó Cristo: Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras”.  Y las piedras están empezando a gritar.

Corresponsal de España

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